No me acerqué a César, a él se le notaban las ganas de hacerlo. Mis suegros me recriminaban, mi hermana igual, tenía ganas de matarme y mi madre solo negaba. La cena transcurrió, todo iba perfecto, maravilloso, mi bebé se veía feliz y era lo único que me importaba. Miraba a su padre y luego a mí, he ignorado las veces que he sentido su mirada y espero que no se dé cuenta cuando yo hice lo mismo, se veía más delgado, tenía un vaso de whisky en la mano, pero no había tomado más de dos sorbos, hablaba con Alejo, Carlos, Benjamín, Santos, Gustavo y el padre. Aurelio se fue a Villavicencio y Vladímir de viaje a Grecia. Del resto todas las personas apreciadas se encontraban aquí. Ya eran las ocho de la noche, los niños jugaban en el patio de la casa. Fernanda se veía preciosa con su barrigota.

