Pasé por los niños, una vez más fue Carmen quien me los entregó, en esta ocasión como hace ocho días no le pregunté por ella, aunque muero por hacerlo. Aún no he tenido el valor de enfrentar a mis suegros y les debo una disculpa. Samuel cada día lo veía más quieto y Julián más callado. Ellos también eran un reflejo de nuestros problemas. Me imagino que con el tiempo podremos adaptarnos a unos días con su madre y otros días conmigo. Ya iba siendo hora de comprarles sus camas y organizar una habitación para ellos en el apartamento. En la tarde estábamos comiendo pizza, Carlos había enviado dos maletas gigantes al apartamento, él se quedó en la habitación de huéspedes, Alejo llegó con su hijo y me gustó ver a Samuel sonriendo y jugando con su amigo que en unos meses también cumplirá los cuat

