Después de ver el recibimiento de mi amigo Vladímir y verlo feliz con su familia, mi corazón se regocijó, tantas conversaciones en las que especulábamos sobre el modo en cómo nos recibirían nuestras familias. Al menos su esposa e hija lo recibieron con los brazos abiertos, eso me llenó de alegría. No sé si yo cuente con la misma suerte. Un hombre tan viejo como yo… estás jodido Aurelio, caíste cuál pendejo. Miré la escena de familia feliz de nuevo y su hija era su vivo retrato, rubia como su padre, ese ruso resultó ser buena gente. Yo no pude evitar el miedo, yo si no tenía justificación de nada, solo en mis sueños aspiraba a un recibimiento como el de él. Cuando me entregaron la ropa tocó hacerle un hueco más al cinturón para amarrarme los pantalones, se caían por lo delgado que estaba,

