Llegamos un poco tarde por el trancón capitalino, ver a nuestro hijo mirando a través de la reja a que llegáramos, fue algo que no pasó desapercibido para ninguno de los dos. —Dios, a ese rostro no le puedo negar una hamburguesa. Acaricié su mano al escucharla decir eso, le guiñé un ojo a Julián, quien respondió con una hermosa sonrisa. Amo a mis hijos y fui un hijo de puta con su madre por marica, pero nadie puede decirme que no daría la vida por mi familia, mis hijos eran lo mejor de mi existencia y así tarde una eternidad enmendaré el daño. Esa mirada de alegría al vernos llegar nos cautivó, nos bajamos los tres a buscarlo. Cuando me entregaron a mi hijo el día de su nacimiento juré jamás volver a estar con otra mujer. Desde hace meses había puesto en duda los comentarios de Rocío.

