—Entonces si eras casada. —Le dijo el tipejo, una tonta satisfacción se instaló en mi pecho. —Nunca digo mentiras. El hombre dio la vuelta y se retiró, miramos a la mesa donde compartían. Mi padre, Alejo y Carlos estaban sentados al lado de sus esposas. » ¿Desde cuándo te encuentras a aquí? —alzó su ceja. —Nos tardamos un poco dando con el lugar. —¿Cómo supieron? —piensa rápido. —Sabemos los gustos de Fernanda, tú y Sandra no son de frecuentar tales lugares, mi mamá menos. Por eso solo nos limitamos a los lugares que frecuentaba Fernanda cuando era soltera. No le he soltado la mano. Nos dirigimos hasta el grupo, al cabo de los minutos bailábamos y compartíamos con nuestras mujeres, una gratificante sensación se instalaba dentro de mí. Mis padres fueron los primeros en retirarse

