Me uní a los sarcásticos comentarios. —San Carlos. —¡Idiotas!, los dejo, tengo que verme con Patricia de las Mercedes. —Las mujeres de la familia por parte de mi mujer odiaban sus nombres. —Nos estamos llamando. Una vez me dejaron solo, saqué la carpeta con la información de Jenaro, al principio no entendí, ¿eran los mensajes de Sandra Saen y mi cuñada? Miré las fechas y las comparé con calendario en mano, por más de una hora leí cada conversación de Sandra. Esto era ilegal, pero no tenía de otra, y leyendo los mensajes… ¡Mierda! Abrí la boca, ¿cómo le digo lo descubierto a Alejandro? Remierda. Tomé el celular, menos mal no demoró en contestar. —Hola, César. Se notaba agitada, no pienses mal, ya te pasó con tu propia esposa, todo puede aparentar y no ser lo que uno se imagina.

