Caleb: llamó desde la puerta, - "unos heridos necesitan su ayuda aquí abajo". Sara: "ahora mismo iré", - asintió recogiendo su costura, - "quédate aquí con ellas y no las dejes salir". Marie: "tranquila, cuñada", - indicó viéndola desaparecer por la puerta, cuando quedaron las tres a solas, miró a sus amigas y señaló, - "de aquí no saldrán, si no es conmigo por delante". Con los primeros rayos del sol asomándose por el horizonte, todos pudieron ver los destrozos causados por los maleantes. Magnus comprobó que varias casas habían quedado calcinadas y sus gentes dañadas moralmente. A media mañana sepultaron los cuerpos de Arthur y Luan, acompañados por Magnus, Sara, Marie y algunos vecinos; los nietos volvieron a llorar su terrible pérdida. Tres días después, mientras los vecinos inten

