Me agradaba el sueño que estaba teniendo, pero unos ruidos me despertaron. Al principio creí que era alguna de las enfermeras que se encontraban de turno esa noche, sin embargo, no era alguien del personal de salud quien se encontraba en la habitación. Había una persona a quien no se le podía ver con exactitud su rostro, debido a la oscuridad. Esa persona estaba sentada en un sillón que se encontraba en el único rincón de la habitación al cual no le daba buena iluminación. —¿Quién eres y qué haces aquí? El silencio es la única respuesta que obtuve de su parte. Intento levantarme para estar a la defensiva en caso de que quiera atacarme, pero su voz me detiene. Era la voz de un hombre y sonaba con autoridad. —Vas a lastimarte, si te levantas, puedes estar tranquila, no te haré ningún daño

