Seguridad, tranquilidad y paz. Esos eran los sentimientos que estaba experimentando mientras dormía. Era extraño, porque se sentía calidez. Una calidez que jamás he sentido en los años que he estado sola. Una calidez que me embriagaba al mundo de los sueños. Pero de la nada, se había ido esa calidez. Es entonces cuando abro mis ojos y me encuentro sola. —¿A qué se debió aquella calidez? No importa. Suspiro. Estiro mi cuerpo como puedo para que no sea doloroso y me quedo mirando al techo hasta que tocan la puerta y entra una enfermera para hacer las curaciones de la mañana. Media hora después me traen a Luna para alimentarla. La enfermera que me cuidaba era quien también estaba cuidando de Luna. Ella me ayudaba a bañarla y a cambiarle sus pañales, pero soy yo quien la alimenta, pues me

