Apenas Edward entró en su auto, enseguida tomó su teléfono móvil para comenzar a hacer llamadas y realizar las movidas necesarias que neutralizaran lo hecho por Walter Ortega. Madison hizo exactamente lo mismo. Aunque estaba dispuesta a seguir el plan de su esposo, no iba a quedarse con esa. Al entrar a Agra encontró un alboroto monumental. Por un momento se paralizó al creer que se debía a que todos se habían enterado de la publicación en el diario. Miró con espanto a Lucia y a Candace, quienes corrieron hacia ella. —¡¿Qué pasa?! —preguntó alterada. —Nada, es una tontería comparado con lo otro —aseguró Lucia en susurros—. Solo un capricho de la diva malcriada de Phoebe que generó un debate intenso. Madison resopló, entre aliviada y furiosa. —¿Se ocuparon de que no hubiesen ejempla

