Madison se incorporó en el sillón para sentarse más al borde, como si buscara estar más cerca de Edward. —Eso es tu culpa. Nunca te preocupaste en ser más agradable conmigo. —¡Lo intenté muchas veces! —se quejó—. Pero tú me rechazabas cada vez que podías. Estabas en lo tuyo y no permitías que nadie se te acercara. —Tengo una gran responsabilidad sobre mis hombros. —Y yo también —rebatió molesto—. Mi padre está enfermo, más cercano a la muerte que el tuyo, mi hermano mayor también, eso lo tiene viviendo con paranoias que empeoran su estado de salud y son alimentadas por mi cuñada. Mi hermana es madre soltera y carga encima una depresión difícil de manejar y dos adolescentes llenos de energía. Y mi sobrino nunca me ha resultado un apoyo, solo genera grandes gastos. ¿Qué pasará con todos

