Al llegar al piso, Madison enseguida entró en la habitación para quitarse los zapatos y desatarse el cabello. Aquel día había sido en extremo difícil. —¿Estás muy cansada? —quiso saber Edward al acercarse a ella por detrás para masajearle los hombros. —Estresada. El día ha sido muy exigente. —¿Quieres que te ayude a relajarte? —pidió en su oído, produciéndole un estremecimiento generalizado. —Eres el único que puede hacerlo —dijo en medio de un gemido de placer. Edward le quitó la chaqueta y le besó el cuello, logrando que la mujer se estremeciera por entero. —Estás muy sensible —comentó sonriendo de satisfacción. —Estoy muy necesitada. De verdad. —Entonces, vamos a ocuparnos de eso. La giró para tenerla frente a sí, le quitó los anteojos dejándolos sobre una mesita y tomó su cabe

