Madison pasó más de una hora encerrada en el baño. Se dio una ducha y se quedó allí haciendo un inventario de todos los productos que había en esa habitación para matar el tiempo. Revisó las pertenencias de Edward. Olió sus colonias, su crema de afeitar y hasta revisó su cepillo de dientes. Se peinó con su peine y fisgoneó en las revistas que él tenía para su distracción. Todas eran de negocios. No halló porno ni nada por el estilo. —¿Eres un soso o un nerd? —preguntó para sí misma mientras abría cajones. Halló condones y un gel espermicida casi acabado. —¡¿Eres un puto?! —exclamó en susurros con rabia y con un nudo atado en el estómago. Ese sentimiento le impactó. Edward Burke no le importaba. El matrimonio con él era tan solo una farsa que mantendría por uno o dos años, luego se di

