Madison decidió convocar al grupo «Ayuda 911» a un día de piscina en un hotel de la ciudad. Si seguía pasando más tiempo en la casa, lo que haría sería devorarse a Edward. Hacían el amor día y noche. En la habitación, en la sala, sobre su nuevo escritorio, en el de él, en el baño y hasta en el pasillo de la entrada. La pasión los abordaba de tal manera que no se limitaban. Se habían convertido en unos enfermos del sexo. Cuando estaban juntos no pensaban en otra cosa. Como ella era novata en esas cosas, él se encargaba de enseñarle y dirigirla. Era muy bueno dando órdenes. Madison ya entendía porque, a pesar del mal humor que presentaba en la empresa, los empleados lo adoraban. Lucia y Candace la esperaron en la piscina, ya preparadas con sus trajes de baño, embadurnadas de broncead

