Edward Burke era un pervertido. Madison estaba segura de eso. El día anterior pasaron el resto de la tarde y noche en la habitación, tocándose y besándose. Él no podía apartar las manos de su cuerpo y ella no quería que lo hiciera. Le encantaba todo lo que le hacía, nunca había imaginado que su piel fuese tan vulnerable. Al día siguiente, en la mañana, al fin había logrado estar sola en el piso. Edward bajó a la planta baja donde al parecer, había un gimnasio, así que aprovechó para revisar todo el trabajo pendiente que tenía de la empresa. Se instaló en la biblioteca, haciendo un gran esfuerzo por concentrarse en sus tareas, pero el recuerdo del cuerpo desnudo de Edward, de sus caricias y besos robaba su atención. Sin darse cuenta terminaba con la mirada perdida, suspirando como una

