Madison y Edward asistieron juntos a la primera cita con la ginecóloga. Madison se comunicó con sus amigas, quienes ya eran mamás, y ellas le recomendaron a la doctora Deborah Colbert. Según las chicas, se trataba de una eminencia. Una mujer capaz de ver «más allá» y asegurarle un desarrollo seguro al bebé. Su consultorio estaba ubicado en una de las mejores clínicas de la ciudad y tenía una larga lista de espera, pero Colbert les hizo un hueco en su agenda al ir referidos por Candace y Lucia. Ambos iban muy entusiasmados. Al entrar en el consultorio se toparon con una mujer de estatura media, cabello rubio rizado y unos enormes anteojos de pasta precediendo a sus ojos color caramelo. —¡Señores Burke! ¡Bienvenidos! —los saludó con voz maternal y con una sonrisa en los labios. —Bueno

