Por unos segundos, Edward estuvo tan tenso como las cuerdas de una guitarra, pero se esforzó por relajarse mientras le quitaba la chaqueta del traje a Madison. —¿Qué haces? —quiso saber ella. —Tú me deseas y yo te deseo. No vamos a perder momentos íntimos por culpa de otros. La tomó por la mandíbula y besó su boca con una urgencia que quemaba. Aunque solo le bastó con tocar la lengua de Madison con la suya para que ella se olvidara de Walter y de todos los problemas que afligían a la humanidad, dejándose llevar por su deseo. La desnudó con premura. Ella lo ayudó para terminar rápido con eso y ambos se metieron de nuevo en la ducha. Edward se la devoró con cierta rudeza, una que a ella le encantó. Se sostuvo con firmeza de los cabellos de él mientras recibía profundas e intensas penet

