Vincenzo Corpa

1147 Words
Mientras que tres mujeres buscaban un lugar donde hospedarse y cavilaban en su mente sobre las opciones que tendría, un hombre miraba por la ventana de una lujosa oficina ubicada en el piso más alto del edificio más lujoso de toda Ciudad del Mar. Sus azules ojos como el mar profundo estudiaban todo a su alrededor. Desde esa altura las personas eran como hormigas que iban y venían. Tenía un vaso de whisky en la mano, concentrado en el devenir de su pensamiento. El dinero y el poder era lo único que le interesaba, su vida se basaba en hacer negocios y obtener grandes ganancias, tanto así que era el hombre más rico del mundo según la revista Forbes. Automotrices Corpa era su mayor orgullo y su primera creación. La familia Corpa tenía prestigio y abolengo en todo el territorio. Él era el primogénito y favorito para heredar las empresas, y también para convertirse en el jefe de la familia, por lo tanto, su palabra era la ley. Solo una cosa tuvo que hacer para poder heredar, no era mucho, una nimiedad, algo sin importancia. Vincenzo Corpa había logrado ascender al trono de la familia Corpa al casarse con Anahí Valles, nieta favorita de la familia Valles y heredera de esa fortuna. Un negocio redondo por donde se lo mire, ya que él se haría cargo de la empresa Valles al contraer matrimonio, cosa que agrandó aún más su poderío. Solo un pequeño detalle se le había salido de la ecuación a Vincenzo, el del heredero. Su abuelo quería tener un bisnieto antes de morir, su madre y padre lloraban por un pequeño bebé de su retoño y él se sentía incapacitado para tan siquiera tocar a una mujer. Era algo que lo excedía en gran manera. Lo había intentado más de una vez, pero la sola presencia de una fémina desnuda le causaba repulsión y producía en él un rechazo profundo. ¿Era gay? No, en lo absoluto. Vincenzo pensó que esa podía ser la razón a su rechazo hacia las mujeres. La solución, intentar con un hombre, el resultado fue terminar vomitando en el baño de un club gay. No definitivamente por ahí no estaba la solución a su problema. Este episodio se dio a los 27 años, unos días antes de contraer matrimonio. Por supuesto que era solo en papel, él jamás la tocó, no había manera de que lo lograra y tampoco lo deseaba, la joven era bella pero insoportable a su mirada. Era frívola, interesada, déspota, todas cualidades que también tenía él, pero también era idiota, torpe, bruta. Se había concentrado tanto en lo superficial de la vida que se olvidó de cultivar, aunque sea un poco su intelecto. No podía hacer un simple cálculo mental de 2+2. Y eso quizá era decir poco. El renombrado Señor Copra tenía que resolver su pequeño problema por lo que había resuelto consultar con una psicóloga, de alguna manera tenía que engendrar el heredero que el abuelo quería, de lo contrario todo su mundo temblaría. La especialista se sintió interesada de inmediato, no tanto en la terapia sino en su paciente. Intentó, como todas las mujeres que había conocido anteriormente, seducirlo, pero fue en vano, nada le molestaba más que las mujeres que se aventaban a sus brazos. Más de una vez se vio en la necesidad de expulsar de su oficina a alguna secretaria que se desnudaba para seducirlo. Eso le ocurría desde joven, más aún de la edad normal para que ese tipo de situaciones se dé. Y como una revelación lo recordó. El terrible episodio vivido en su niñez. Tenía tan solo once años cuando una de sus niñeras abuso de él. Fue la experiencia más horrorosa de su vida, tanto así que la bloqueo por muchos años, hasta ese momento. Su sicóloga desnuda y las actitudes de ella le hicieron recordar esa terrible situación. Ahora sabía por qué no podía tener intimidad con ninguna mujer, ahora entendió la repulsión que le causaban todas y cada una de ellas. Bufó molesto, volviendo al presente, observó a las hormigas en la calle bebiendo de su caro licor. Él era el hombre más poderoso del mundo, era el más apuesto, nadie se le podía igualar desde ningún punto de vista, no necesitaba de ningún bebé para ser el más influyente y poderoso, el aplastaba a sus rivales como si fueran cucarachas, y su abuelo tendría que aceptarlo si no quería que dejara todo tirado. Sabía que nadie podría manejar todo como él y se vendría abajo todo lo relacionado con la familia Corpa, todo menos él que tenía su amada automotriz. Volviendo al pasado, rememoró que había acabado con esa niñera en cuanto recordó lo sucedido. No quedaba ni un solo rastro de esa horrorosa mujer que estaba seguro de que había hecho lo mismo a otros niños como él. La psicóloga tuvo que conseguir trabajo en un supermercado reponiendo productos ya que su matrícula le fue quitada y perdió absolutamente todo lo que tenía, su casa, su auto, sus ahorros, todo. Eso era una prueba irrefutable de que con Vincenzo Corpa nadie se mete. El día anterior había firmado in contrato con una nueva empresa de publicidad. Estaba interesado en expandir sus horizontes con sus autos que ya eran famosos en todo el mundo, en cada calle, de cada ciudad, de cada región del orbe completo había autos Corpa circulando. El nuevo objetivo tenía que ver con las mujeres. Había todo un mundo no explorado para las mujeres. El movimiento feminista las postulaba en igualdad de condiciones, pero había lugares a los que aún les costaba ingresar, uno de ellos era el automotriz, específicamente las carreras. Él había creado una escudería que patrocinaría a la mejor corredora del mundo. Tenía algunas en la mira, pero aún no se decidía por cual, sentía que a todas les faltaba algo. _ Señor, creo que debe ver esto _ Ingresó su asistente personal con una Tablet en la mano, misma que le tendió a su jefe. Vincenzo comenzó a observar con el ceño fruncido. No estaba seguro de qué era lo que se le quería enseñar, pero cuando vio quedó asombrado por las imágenes. Era una carrera clandestina en la que las corredoras eran mujeres. La pericia de las corredoras lo dejó mudo, pero más una de ellas. Sus movimientos eran mágicos e hipnóticos, pero la revelación final llegó cuando ella bajo del auto tras quitarse el casco Vincenzo pudo ver a la mujer más hermosa que había visto en sus 30 años de vida. _ Es ella, la quiero a ella _ dijo con seguridad mirando a Leo su asistente de toda la vida. _ Estoy intentando contactar con la persona que nos puede comunicar con la mujer _ contestó Leo que conocía tanto a su jefe que sabía que la querría en su escudería.
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