Solo un momento de debilidad

1310 Words
Con pasos apresurados caminaban Dana y Sofía hacia el lugar de la reunión. Ellas conocían solo de nombre al señor Corpa, sabían que era muy despiadado en los negocios, también muy apuesto, según las fotos de la prensa, pero eso era lo de menos. Ahora tenían que enfrentar una negociación con un tiburón y ellas era unos simples arenques que serían fácilmente devorados si no tenían cuidado. Al entrar al lugar observaron para todos lados, hasta que fueron guiadas al salón privado donde las esperaban. Eran dos hombres. Pero lo que más las sorprendió es que las fotos no le hacían justicia a Vincenzo, era aún más hermoso y destacable de lo que hubieran imaginado. _ Si me gustaran los hombres me le tiraba encima _ bromeó Sofía dejando a Dana muda por ese comentario. _ Sofi es casado _ contestó Dana entre dientes mientras se acercaban a los dos hombres. _ Buenas tardes _ dijeron ambas al llegar junto a ellos. Vincenzo levantó la vista y observó a Dana directo a los ojos. Estaba realmente cautivado por ella, y eso era algo que nunca le había ocurrido antes. Se levantó como un resorte y abrió la silla para ayudarla a ella a sentarse, gesto que jamás tuvo con ninguna mujer. Ni siquiera con su esposa ni para guardar las apariencias. Andrés observó esta situación con la boca abierta, ese no era su jefe, alguien se lo había cambiado. Él con delicadeza se puso de pie e hizo lo mismo para ayudar a Sofía a tomar asiento. _ Es un gusto conocerlo Señor Corpa _ dijo Dana mirándolo un poco sonrojada, ya que la mirada fuerte y penetrante de él no la abandonaba. Andrés carraspeo como un intento de lograr que su jefe reaccionara. _ Bien, el gusto es mío _ dijo por fin el empresario _ espero que podamos llegar a un buen acuerdo y usted se convierta en mi piloto estrella. La negociación fue larga pero productiva. Ellos estaban en un lugar apartado. Era de esos sitios a los que iba la gente que quería ocultarse de todo el mundo, elegante pero discreto. Nadie nunca sabía lo que allí ocurría a no ser que uno de los presentes lo divulgara. Era un secreto a voces que ese pequeño restaurante era utilizado para cerrar grandes tratos o para tener una agradable velada con una señorita o señor que no era la esposa o el esposo. Nadie nunca había divulgado lo que allí podría llegar a ver, aunque por la disposición de los salones privados generalmente no se enteraban de quién podría o no estar en el lugar. Ellas salieron de ahí felices, parecía que por fin las cosas comenzarían a cambiar. Dana había obtenido un jugoso contrato y Sofía era su mánayer, ella tenía un máster en relaciones públicas por lo que esa área no se le dificultaba y por eso la había acompañado en primer lugar. En el pequeño departamento, que habían podido alquilar con el poco dinero que tenían, la abuela Clara las esperaba impaciente. No podía creer en la crueldad de su hija, ella no la había criado para que se comportara de esa manera con la dulce Dana. Pero estaba segura de que algún día la verdad saldría a la luz y entonces ya no habría lugar para arrepentimientos. Vincenzo a su vez había salido completamente flechado por esa hermosa hada que lo había hechizado por completo. Él que nunca pudo ver a una mujer con ojos de hombre ahora quería tener a Dana para él, en sus brazos, por siempre. _ ¿Todo bien señor? _ preguntó Andrés quien era testigo del cambio en el aura de su jefe. _ Sí tranquilo, solo estoy disfrutando de manera anticipada del éxito, estoy seguro de que este nuevo contrato traerá grandes cantidades de dinero. Ahora sí el cielo es el límite _ Sí, Vincenzo Corpa se había obnubilado por unos momentos con esa hermosa criatura, pero no dejaría que una bruja con ojos dorados lo domine. No, él sabe que todas las mujeres son iguales, este fue solo un momento de debilidad, solo eso. Pero no permitiría que se volviera a repetir. Y no lo hizo. Realmente en los siguientes días apenas y cruzó a Dana en el autódromo que él mismo había preparado para que su piloto entrenara. La vida para él se reducía a hacer más dinero cada día, y no pensaba cambiar, menos por una mujer. Ella por su lado se mantenía concentrada en lo que era su nuevo trabajo. Algo que nunca imaginó que haría, pero que ahora resultaba ser su salvación. Un mes pasó muy rápido, ellas habían comenzado una buena vida después de la gran tormenta. Veían a Mariana a diario en la infinidad de publicidades de las que ella era la protagonista. Se veía un tanto rígida, para nada natural, pero ni modo. El problema fue cuando vieron la publicidad de la automotriz, incluso una en la que está sobre el auto que conduce Dana. En redes comenzó a circular el rumor de que ella era la conductora, claro que dicho rumor fue creado por la empresa de publicidad de Matt. Eso era algo que ayudaba mucho a la imagen de Mariana, pero también a la de la compañía si decían que una bella mujer podía también ser una gran piloto. Claro que Dana, Sofía y Monique morían de la risa ya que Mariana era una pésima conductora, tanto así, que no la dejaban manejar porque atropelló a un niño, que afortunadamente sobrevivió, pero tuvo una larga y dolorosa recuperación. Todo fue tapado con dinero por sus padres que la consentían todo el tiempo. Ella culpó a Dana, diciendo que le había querido arrebatar el volante y le creyeron, pero no le permitieron manejar nuevamente. Un chofer era el encargado de trasladarla a donde necesitara. _ Señor… ¿permitirá que sigan diciendo que esa chica es la piloto misteriosa? _ preguntó Andrés una mañana cuando ya los rumores comenzaron a ser certezas y todos afirmaban haberla visto cuando se quitaba el casco. _ Por ahora lo dejaremos correr, pero luego develaremos la verdad. Después de todo mi hermosa conductora es infinitamente más bella que esa mocosa _ Vincenzo observaba desde su lugar acostumbrado, él iba a ver todas las prácticas, le gustaba verla a ella, lo intrépida y decidida que era. _ Pídele que venga _ dijo mirando de manera extraña a su fiel asistente. Minutos después la puerta era golpeada de manera delicada. _ Adelante _ cuando Dana escuchó estas palabras sintió su cuerpo estremecer, esa voz la hacía temblar verdaderamente. Tras ingresar se encontró con el hombre mirando por la ventana de la oficina. _ Bienvenida señorita Mills _ esas palabras causaron el más espantoso temor en la joven que había querido ocultar esa parte de su vida a toda costa _ quiero que vea esta interesante información que me trajeron _ Vincenzo le acercó una carpeta, que ella abrió y comenzó a leer desconcertada, aunque ya sabía el contenido no entendía por qué la había hecho investigar. _ Si piensa despedirme le recuerdo que tenemos un contrato y que us…_ ella quería seguir firme con su defensa, pero fue interrumpida. _ Quiero oír su versión de los hechos _ y ahí la desarmó por completo. Nunca, nadie, en todos esos años en los que había sido inculpada por su hermana, menos en este último fatal acontecimiento le preguntó su versión de los hechos. Sofía y la abuela jamás dudaron de ella, nunca preguntaron porque siempre dieron por sentado que la otra mentía, pero el resto de los mortales ignoró completamente lo que ella podría decir al respecto. Ahora Dana Robinson sentía que podía morir en paz. A alguien le había importado escucharla antes de juzgarla, y eso le daba, a lo menos, un poco de paz.
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