Víctor. Me remuevo en mi cama con pesadumbre, intentando despertar del todo, pero me cuesta mucho el solo hecho de poder abrir los ojos y adaptarme a la luz del día. Tengo un enorme dolor de cabeza. Estos últimos días han sido un desastre para mí, cada vez me siento peor. Javiera no quiere contestar mis llamados, ni mucho menos verme y eso me hace sentir como un imbécil. Después de la conversación que tuve con Helen, un presentimiento me ha rondado por la cabeza, algo que no puedo sacarme del sistema y eso me hace maquinear millones de posibilidades, buenas y malas. Suspiro, me coloco de pie y con pereza bajo hasta el primer piso de mi casa, en búsqueda de un vaso con agua, que en estos momentos es lo único que podría revivirme. —Debe estar por despertar —escucho que dice mi mad

