Helen Estos dos últimos días habían sido horribles. Por un lado, Damián tardó más de lo acordado para entregarme las pastillas para Cristina y por otra parte, mi amiga no hacía más que martirizarse por el imbécil de Erick, el donador del material genético. Por suerte, esta mañana al salir de casa, me topé con un paquete en la entrada de mi departamento, el que solo tenía una nota que decía “SALDADO”. Revisé que las pastillas estuvieran dentro y luego le dije a mis amigas que estaba todo listo para proceder con “el tratamiento”. Estaba más que nerviosa, porque había leído en internet y había muchos efectos secundarios y situaciones que podrían suceder al realizar este procedimiento en casa. Odiaba con todas mis fuerzas tener que recurrir a esto y no tener la oportunidad de poder acce

