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-Vamos a dormir- dijo Jordan y aunque a Emira le siguiera intrigando tanto ese bipolar psicótico, decidió quedarse callada mientras él dejaba su cena a medio mordisquear y la ayudaba a bajar de la encimera. -Tú… ¿Tú vas a dormir conmigo?- preguntó mientras caminaba a sus espaldas. Él sonrió de medio lado más borró el gesto cuando volteó el rostro. -¿Lo dudas? Soy tu esposo, Emira. Tu deber es dormir a mi lado. Ella suspiró intentando morderse la lengua. Qué deber ni qué deber. Su deber era ser dueña de su propia vida, no ser la fiel cordera de un imbécil lobo feroz. Llegaron a la habitación y Jordan cerró la puerta. -Emira, aún no has dicho nada sobre lo que pasó. Ella desvió la mirada sentándose en la orilla de la cama donde la mantuvieron confinada. Por alguna razón, las sábanas

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