—¿En qué te especializarás? —pregunta Germán mientras me observa comer el helado a mordidas—. Ya sabes, después del próximo semestre cuando termine el tronco común.
Me tomo mi tiempo para responder. No sé realmente qué quiero; en Estrada me había decidido por Actuaría, según yo me gustaban las matemáticas, sin embargo, después de llevar Cálculo Avanzado me di cuenta de que tal vez no era lo mío. Química me agradó, en realidad Mateo supo ayudarme a tal punto que me terminara gustando la materia, pero dudaba que fuera lo mío. ¿Economía? Bueno, siempre le puse excusas a eso porque mi padre es un hombre de negocios que anteriormente fue policía. Si decidiera seguir por ese camino terminaría con un trabajo asegurado como segunda de mi padre en su empresa, pero no es lo que quiero. Mi meta es obtener mi título e iniciar mi propio camino, no verme facilitada por mi papá quien después de todo, se alejará más de mí por Valentina.
Me viene a la mente la profesora Tatiana. Tal vez deba especializarme en literatura. No tengo idea de cuál sería mi futuro, pero si me pongo a buscar, seguro una editorial me hallaría lo suficientemente competente como para contratarme.
—Literatura —digo sin quitar la mirada del helado—. Cuando estuve en la ciudad quería algo de matemáticas, pero cambié de opinión.
Me atrevo a mirar a Germán y veo que sus ojos oscuros me miran, está sonriendo.
—Suena razonable —acomoda un mechón de cabello que me tapa la cara, siento un escalofrío—. ¿Puedo saber por qué decidiste volver si tanto te gustaba allá?
Germán sabe que estuve en la ciudad, en la costa. Se lo dije el día que nos amenazaron con asesinarnos, el día que lo golpearon y cuando casi nos acostamos. Sí, sabe lo básico sobre mí: Que mi madre murió, que mi padre se distanció de mí, que me fui a la ciudad y ahora volví. No entramos en detalles, sobre todo porque nos ha faltado tiempo, pero ahora que estamos frente a la tumba de mi madre me parece que no debería haber secretos.
Sí, lo sé. No es la mejor idea que tu primera cita sea comer helado en el cementerio, pero me imaginé que si el hombre aceptaba, por más friki que sonara, es porque iba en serio. Y aceptó, por eso es que no quiero tener secretos.
Pero no puedo decirle la verdad, lo de la visita a mi difunta madre es algo, pero decirle que creo que la prometida de mi padre puede tener algo que ver con mafiosos y aunado a ello que mi ex mejor amiga y mi ex mejor amigo estuvieron involucrados en trata de personas, puede ser demasiado. Vale, no tengo por qué decir eso, solo espero que no empiece a querer investigar porque no quiero meterlo en algo que ni yo entiendo.
—Mi padre me obligó a volver —digo como si no fuera la gran cosa—. Se va a casar, quiere vender la casa y darme la mitad. Quiere rehacer su vida de una vez y para eso debe dejar todo en orden y debo estar presente físicamente para los trámites.
—¿Y no podías simplemente viajar cuando fuera necesario? —dice confuso, se ve tan tierno—. No es que no me alegre, estoy feliz de conocerte, pero es que no lo entiendo.
Yo tampoco, Germán, aunque quisiera entenderlo. Tal vez es un simple capricho, tal vez quiere dejar en claro que él sigue siendo la autoridad. Lo que menos aún entiendo es el porqué antes no quería casarse pronto y ahora sí. Nuestra familia, después de lo de mamá, se volvió disfuncional, pero el querer deslindarse de plano de mí es algo que me hiere un poco. Estoy de acuerdo en dejar este pueblo de mierda y empezar en otro lado, pero el que lo decidiera sin planteármelo antes sí me molesta.
—No tengo idea, pero él es el que manda y tengo que cumplir. Aparte, me alegro de estar aquí.
Lo tomo de la mano y siento su calor. Me pregunto qué habría pasado de no ser por mi estupidez en aquella fiesta en casa de Salomón. Si hubiese dejado que Catarina se fuera y yo simplemente disfrutara. Tal vez me habría embriagado con Germán y las cosas habrían terminado diferentes. No habría competido junto a Aiden, no habría visto a Mateo, no habría puesto en peligro a Germán. Pero al otro día habría visto a Mateo, de una forma u otra me habría enterado de su llegada. Oh, vamos Dinaí, estás con Germán, no pienses en el idiota de Mateo.
Observo atentamente la tumba de mamá. Está tan bien cuidada, tal y como a ella le gustaría. Ya no siento esa profunda tristeza que me daba cuando recordaba sucesos con ella, ya no siento el inmenso dolor al imaginar lo que pude haber dicho o hecho y por distintas razones no lo hice, lo que sí siento es culpa al vivir mi vida y por un minúsculo segundo no recordar que ella ya no está.
Germán acaricia el dorso de mi mano, una agradable corriente eléctrica recorre mi brazo.
—Me gustaría que vinieras a una fiesta mañana —dice casi con cautela—. Sé que querías algo tranquilo, pero quisiera presentarte a mis amigos.
Efectivamente, quería hacer algo tranquilo. No me malentiendan, me gustan las fiestas, me gusta beber mientras bailo al ritmo de música movida, pero cuando estoy con amigos, con gente de confianza. Justo lo que no tengo en este momento. Germán es de confianza, pero todos los de la supuesta fiesta son desconocidos y la gente de la zona residencial suele ser poco agradable... dicen.
Conocí a un par de amigos de Germán el primer día que fui a El Arco, pero fue de pasada y esos tipos estaban ebrios. No quiero ir a esa fiesta, pero lo haría por Germán. Si él recibió golpea y amenazas de muerte por mi culpa, yo puedo disfrutar de una simple y tranquila fiesta. A veces hay que hacer sacrificios.
—Si no te sientes cómoda podemos irnos, pero mis amigos son agradables, te caerán bien.
—¿En dónde es?
—En casa de una amiga de la universidad, es nueva, pero se lleva muy bien con nosotros. Tiene una compañera con la que comparte la casa. Y creo que también vive su novio. A mi mejor amiga le cae bastante bien. Yo no la he tratado mucho, pero se ve agradable. Es en Rejil del Norte, queda cerca de mi casa.
Me quedo estática, no puedo creerlo. Lo primero que pienso es que Catarina está compartiendo casa y no es con Mateo. Después pienso que es muy fortuito que la fiesta a la que quiere ir Germán sea la misma a la que me invitó Salomón. Y luego pienso que si todo se sale de control, me voy a largar de este pueblo así sea sin un centavo en el bolsillo.
Le digo que no hay problema, que si es para conocer a sus amigos, no tengo inconveniente, después de todo, en las relaciones hay que hacer un par de sacrificios, ¿cierto? No puede ser tan malo, asistirá muchísima gente y no será fácil encontrarme con gente indeseable.
Camino con Germán tomada de su mano. Es tan natural y cómodo que no siento que sea extraño aunque nos conocimos dos semanas atrás. Caminamos como una pareja normal mientras un silencio agradable cae sobre nosotros. Recuerdo haberle dicho a mamá que Mateo era un hombre que seguramente ella aprobaría, pero como se podrán dar cuenta, me equivoqué, ahora estoy segura de que Germán es la persona que mi madre aceptaría como pareja.
Siento que es momento de presentarlo oficialmente con mi papá. Solo lo necesito estar segura de que Valentina no es mala persona y con eso me basta.
Me lleva hasta mi casa y se despide de mí con un casto beso en los labios. Quisiera decirle que entre, pues no hay coches en la entrada, lo que significa que no hay alguien, pero no me atrevo. Siento que no estoy totalmente lista para esto. Digo, ha pasado casi una semana desde que el corazón se me terminó de romper, no quiero parecer tan urgida porque no lo estoy... creo.
Aparte, tengo que terminar los deberes y hacer varios ejercicios de Álgebra.
Por la noche, mi padre llega con Valentina. Entran a la casa entre risas y comentarios que no escucho bien. La risa de mi padre suena tan genuina que me hace pensar que tiene años que no escucho algo parecido. Increíblemente, Valentina ha hecho que la risa renaciera en mi padre. Y no quiero pensar mal de ella, pero por su bien espero que no sea mala, porque si no me encargaré de matarla y eso no le gustará a mi papá.
Estoy en mi cuarto, observo el anillo que tengo en la mano izquierda. Veo la copia exacta de la joya que mi padre le dio a mi madre cuando le pidió matrimonio tiempo atrás. Lo he usado estos días para que no se vea sospechoso, pero si mañana asistiré a la fiesta, debo quitármelo, no quiero que sepan en donde estoy por si acaso a la prometida de mi padre se le ocurre espiar.
Me pregunto si en su teléfono tiene la aplicación conectada al GPS para verme. ¿Qué querrá de mí? ¿Por qué querer tenerme controlada?
Me quito el anillo, lo dejo en mi escritorio y bajo para encontrarme con mi padre.
Por si me quedaban sospechas de que Valentina me quería tener bien vigilada, lo primero que hace al verme es dirigir la mirada hacia mi mano izquierda. "Así es, perra, me quité el anillo campeona. ¿Tienes algún problema?"
—Hola, Di —saluda mi padre mientras cuelga su saco, se ve feliz—. Hoy fuimos a ver un par de salones para la boda, queremos que sea algo sencillo, pero vendrá gente de muchas partes, mis socios y clientes. Puedes invitar amigos, si quieres.
¿Es neta, papá? No tengo un jodido amigo. Aparte, una boda en Sores es aburrida, podría bien casarse en París, Cancún, Cartagena, Londres, no sé. Sospecho que esto tiene que ver con la estúpida de Valentina.
—Ya, espero que sea verdaderamente sencillo, en este pueblo siempre es fácil llamar la atención.
—Tranquila, hija —oh, por dios, acaba de decirme hija, hace mucho no escucho eso—. Serán doscientos cincuenta invitados cuando mucho.
En la torre, yo imaginaba que serían menos de cien.
—¿Qué le ha pasado al anillo, Di? —pregunta Valentina—. ¿Lo perdiste?
—No, está en mi escritorio —digo con una sonrisa—. Lo que pasa es que me empezó a apretar, creo que me hinché un poco. O tal vez estoy subiendo de peso.
—Oh, vaya, puedo llevarlo a que lo arreglen, si quieres.
—Estaría bien —seguro eso es lo que quiere la perra—. Me siento acompañada por mi mamá cuando lo uso.
Después de eso cenamos en familia, lo que se reduce a que Valentina hable de vestidos que quiere usar, o del mejor peinado para la boda. Habla también de la oficina, vaya, la primera vez que escucho que hace algo "productivo". Resulta que es agente de viajes, le organiza viajes a la gente, qué bien. Algún día iré a la tal oficina. Una de dos: O verdaderamente organiza viajes y a gente rara que viene a buscarla a la casa o eso es solo una fachada.
Al otro día me despierta una voz chillona y madrugadora. Valentina discute con alguien a través del teléfono, lo digo porque no creo que esté hablando con papá. Le echo un vistazo a mi móvil y veo que son las seis de la mañana. La mujer madrugadora no para de decir que retengan al cliente, que ella ya está por salir hacia allá.
Algo me dice que el cliente no es un cliente que planeó un viaje. ¿Quién a las seis de la mañana se va a quejar de un servicio? Yo digo que nadie, pero escucho como mi futura madrastra se despide de mi papá y este le dice que se vaya con cuidado y que la quiere. Bueno, mínimo no dijo que la ama.
Pienso en seguirla para ver si realmente va a encontrarse con un cliente, pero ella ya está arrancando el automóvil y yo ni siquiera estoy vestida. Me asomo por la ventana y veo cómo el coche se aleja a máxima velocidad. Tres segundos después, una camioneta estacionada en la acera de enfrente se enciende y sale detrás de mi madrastra. ¿Qué chingados? No logro verle la cara al conductor, pero veo que en el brazo izquierdo tiene un tatuaje grande en forma de luna. Algo me dice que se trata de la misma persona que vino a buscar a Valentina la vez pasada. Maldigo en voz baja a mi papá. De todas las mujeres que hay en el mundo, ¿por qué meterse con la sospechosa? Tal vez la estúpida le hizo un amarre o algo.
Lo dejo pasar, hoy por la noche me enteraré de más cosas y una vez que tenga información, veré qué medidas tomar.
Llego a la escuela justo a tiempo. Como siempre, echo un vistazo al salón. Me sorprendo al ver que no está Catarina ni Aiden. Las clases pasan, pero no se presentan a ninguna. Busco a Elisa durante los descansos, pero tampoco la veo, a quien me encuentro es a Salomón, supuestamente está en mi grupo, pero al tipo no lo vi en las clases, sin embargo, lo veo en el estacionamiento. Está recargado en su coche y hay dos chicas a su lado, parecen estar riéndose lo que él dice.
Me debato entre ir a preguntarle por el paradero de su amigo, no creo que me diga gran cosa, pero nunca estaré segura a menos que lo intente.
—Lo he pensado mejor —digo sin saludar—. Y creo que sí iré a esa fiesta.
Se me queda viendo por un instante, no sé interpretar su mirada, está repleta de confusión, pero más que nada de sorpresa.
—Yo... eh, bueno, me alegro. Solo di que me conoces y podrás pasar sin problema.
—Claro, ¿irán tus amigos? —pregunto como si no fuera la gran cosa—. Hoy no vinieron, no los vi, así que supongo que no están en el pueblo.
Un segundo de silencio. Las chicas que rodean a Salomón me miran casi con desagrado. Casi me dan ganas de decirles que no pienso quitárselo.
—Creo que Catarina está ocupada con lo de la fiesta, Aiden me dijo que su papá necesitaba ayuda con las piezas de un coche. Da igual, no creo que te incumba.
Pero sí me incumbe y más de lo que me gustaría.
Me doy media vuelta y me dirijo al final del estacionamiento. Germán dijo que me recogería ahí para llevarme a casa y arreglarme para la fiesta, después iríamos a su casa y entonces a la fiesta. Solo espero no encontrarme con Mateo, Elisa o Aiden. Ya estoy harta de vivir entre interrogantes, pero tampoco quiero fallarle a mi estabilidad emocional. Que de por sí ya flaquea.
Veo a Germán quien me saluda alegremente, llego, brinco hacia él y lo beso con fuerza. Necesito estabilidad, me repito, necesito alguien que me ancle a la realidad.