—Dinaí —escuchar su voz me hace querer llorar—. Mi amor, Dinaí, no lo hagas. Si lo dice Mateo, es porque quiere lo mejor para mí, ¿cierto? Porque siempre pude confiar en él, siempre sabía que estaría protegida por él. Pero estoy tan quebrada, tan rota... —Mató a Germán —digo en un sollozo—. Está muerto. —Él le iba a disparar a alguien más —está a mi lado aunque alejado unos cuantos metros, lo veo por el rabillo del ojo—. A veces no hay otra opción. Pero no iba a dispararle, le apuntaba, sí, pero no iba a hacerlo. De hecho, él me estaba viendo a mí. Germán no iba a matar a su mejor amigo, él no era así...Y sí había otra opción; Catarina pudo haber disparado a una mano o una pierna. No directo al corazón. Ese pensamiento basta para quitar el seguro y jalar el gatillo. Siento el dolor agu

