20. Broma macabra Justin —¡Mira, amor! ¿Te gusta mi vestido? —La voz aguda de Hailey irrumpe en el aire como una sirena estridente, haciéndome cerrar los ojos con fastidio. Me duele la cabeza. Y cuando ella está cerca se agudiza el dolor. No entiendo cómo es que un día me sentí enfermo con su sola presencia y al siguiente, como si nada, los síntomas desaparecieron. Ya no me dan náuseas… pero el rechazo, ese sí permanece. —Hailey… ya te he dicho que no vengas a mi trabajo. Estoy muy ocupado —respondo sin rodeos, sintiendo cómo se le tensa el rostro al escuchar mis palabras. Sé que quiere mi atención, que anhela revivir una ilusión que para mí ya no existe. Pero no puedo fingir algo que no siento. Solo puedo ofrecerle mi apellido, por ese bebé que viene en camino y que no tiene culpa de n

