24. Ginger Fox Giselle Más de cinco años sin pisar América. El momento ha llegado. Mientras el avión comienza su descenso, mis ojos se aferran a la ventanilla como si pudiera anticipar desde las alturas lo que me espera allá abajo. El corazón, traidor como siempre, late con una fuerza descontrolada que me obliga a inspirar hondo. No hay tormenta afuera, pero dentro de mí se agita una tempestad. Al otro lado del pasillo, mis hijos están sentados junto a Matteo. Los observo. Peter ríe con la boca llena de chocolate, gesticulando con entusiasmo mientras Matteo intenta limpiar su boquita. Samuel, en cambio, mira por la ventana con sus grandes ojos reflexivos, tan parecidos a los de su padre que me duele el alma. Es más reservado, más silencioso… más profundo. Siempre lo ha sido. Matteo h

