Capítulo 4: El Efecto Mariposa (y un par de Darcy)

1056 Words
Narrado por: Noah Darcy Emma Sterling no tiene límites. Después de sus clases de diseño, donde sospecho que intimidó incluso a los profesores, se arrastró al gimnasio para su primer entrenamiento oficial. Me obligó a sentarme en la primera fila de las gradas, cargando su maleta rosa y un termo con incrustaciones de cristales. —Mírame bien, Noah —me dijo antes de empezar, secándose una gota de sudor inexistente del cuello—. Si me caigo y no me atrapas, el error número dos irá directo a tu expediente. Pasó las siguientes dos horas saltando, gritando consignas y moviendo los pompones con una energía que me ponía enfermo. Cada vez que pasaba cerca, se burlaba de mi expresión de piedra. —¡Sonríe un poco, Darcy! ¡Parece que te estás tragando clavos! —me gritó desde el aire mientras un tipo del equipo de gimnasia la sostenía por los tobillos. Mi mandíbula estaba a punto de estallar. Ver a otro hombre tocándola, aunque fuera por "deporte", despertaba un instinto animal en mí que no tenía nada que ver con la seguridad y todo que ver con algo mucho más oscuro. Cuando terminó el entrenamiento, ella caminó hacia mí, radiante y burlona, lista para soltar otro comentario ácido. Pero el sonido de una discusión acalorada en el pasillo del gimnasio nos detuvo a todos. —¡Eres un imbécil arrogante, Darcy! ¡Aléjate de mi espacio personal antes de que use mis conocimientos de anatomía para dejarte estéril! —Ese grito solo podía ser de Mar. —¡Y tú eres una fiera que necesita un bozal, Sterling! ¡Solo trato de pasar por el pasillo, no de entrar en tu diario íntimo! —Esa voz... era Thiago. Mi hermano menor apareció por la puerta del gimnasio, luciendo su mochila y esa expresión de "me importa todo una mierda" que tanto lo caracteriza. Detrás de él, Mar venía echando humo por las orejas, con el cabello n***o desordenado y los ojos echando chispas. Se odian. Es la naturaleza de los Darcy: somos fuego, y las Sterling son el combustible. Thiago no me vio de inmediato. Venía caminando de espaldas, gritándole algo más a Mar, mientras Emma caminaba hacia mí sin mirar atrás. El choque fue inevitable. La espalda de Emma impactó de lleno contra el pecho de Thiago. El golpe fue lo suficientemente fuerte como para que ella perdiera el equilibrio. Por un segundo, el gimnasio se quedó en silencio. Mar se detuvo con una sonrisa de suficiencia, esperando la explosión. Todos los que conocían el carácter volcánico de Emma Sterling se prepararon para el espectáculo: gritos, insultos, tal vez una bofetada. Yo mismo di un paso adelante, listo para intervenir antes de que Emma mandara a mi hermano a la lista negra de su padre. Pero entonces, ocurrió lo imposible. Emma se giró lentamente. Miró a Thiago de arriba abajo, deteniéndose en sus ojos color ámbar y en su cabello n***o desordenado. Thiago, por su parte, se quedó congelado. Supongo que no esperaba chocar con una versión pelirroja y sudorosa de la perfección. —Vaya... —murmuró Emma. Mar dio un paso al frente, cruzándose de brazos. —Prepárate, idiota. Acabas de chocar con la protegida de papá. Despídete de tu beca —le espetó a Thiago con malicia. Esperé el grito de Emma. Esperé que le exigiera una disculpa de rodillas. —Oh, lo siento mucho —dijo Emma. Su voz no era la guillotina de siempre; era pura seda, dulce y cargada de una intención que me hizo apretar los puños—. Estaba distraída pensando en mis rutinas. Ha sido totalmente mi culpa. Mar abrió la boca, atónita. Yo me quedé paralizado a medio camino. ¿Emma Sterling pidiendo disculpas? ¿A un desconocido? Emma dio un paso más hacia Thiago, invadiendo su espacio de una forma que nunca me permitía a mí. Le puso una mano en el brazo, rozando su piel, y lo miró a través de sus pestañas. —¿Estás bien... Darcy, verdad? He oído a mi hermana gritar tu nombre —le sonrió, una sonrisa deslumbrante que nunca me había regalado—. Soy Emma. Thiago, que normalmente tiene una respuesta para todo, balbuceó algo ininteligible. —Sí... Thiago. Yo... lo siento también. Emma soltó una risita cristalina, se dio la vuelta para mirarme a mí con una burla triunfal en los ojos, y luego volvió a mirar a mi hermano. Antes de alejarse hacia los vestidores, le guiñó un ojo con una coquetería descarada. —Nos vemos por aquí, Thiago. Intenta que mi hermana no te muerda, no tiene todas sus vacunas al día. Emma pasó por mi lado, chocando su hombro con el mío a propósito. —Recoge mis cosas, Darcy. Me iré en el auto de Mar. Necesito hablar con mi hermana sobre sus... pésimos gustos en hombres. Se alejó moviendo las caderas, dejando tras de sí un rastro de vainilla y una estela de caos. Me acerqué a Thiago, que seguía mirando el lugar por donde ella se había ido como si hubiera visto un unicornio. Mar estaba lívida, mirando a su hermana y luego a mi hermano con una confusión absoluta. —¿Qué demonios acaba de pasar? —susurró Mar—. Emma no se disculpa. Emma no es amable. Emma es una perra con todo el mundo. —Parece que no con todos, Sterling —dijo Thiago, recuperando su sonrisa arrogante, aunque pude ver un brillo de duda en sus ojos. Me acerqué a mi hermano y le puse una mano pesada en el hombro, apretando más de lo necesario. —Aléjate de ella, Thiago —le susurré al oído para que solo él me oyera—. Ella es mi objetivo. No te metas en el fuego si no quieres quemarte. —Parece que el fuego ya me encontró solo, hermano —respondió él en voz baja, desafiante. Miré hacia la salida del gimnasio. Emma Sterling acababa de declarar una guerra interna sin decir una sola palabra. Sabía quién era Thiago. Sabía que era un Darcy. Y lo más peligroso de todo: sabía exactamente cómo usar a mi propio hermano para volverme loco. Esta chica no era solo una porrista de rosa. Era una estratega que acababa de mover su primera pieza en mi propio tablero.
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