—¿Irás con ella? —Por supuesto, tengo que verla —Por supuesto, solo eres mi esposa falsa Adriana Adriana, no podía apartar de su mente esas duras palabras ¿Por qué Gabriel tenía que ser siempre un imbécil? Se preguntó, todo lo que había hecho; lo había hecho por él ¿Por qué tenía que ser tan cruel? ¿Por qué tenía que herirla tanto? ¿Por qué tenía que doler?, Adriana se llevó la mano al corazón y luego descendió hasta su vientre, donde su bebe crecía. Su bebe ¿Dónde había quedado la felicidad de ser ahora tres? —Cariño ¿Estás bien? —Delia entró con prisa a la biblioteca, después de ver a su hijo salir furioso de la habitación y temió lo peor. Cuando Agustín, se negó a contarle lo ocurrido. —No, no lo estoy Delia, Gabriel me odia tanto que se ha marchado con ella. Ella volvió

