La puerta de la habitación sonó, Abigail como pudo se separó, movió su rostro evitando que él continuará besándola. Un beso intenso que la había dejado por completo sin aire, sin contar que su cuerpo quedó temblando más de lo que debería. Vladimir comenzó a reír, él lame sus labios y luego la mira fijamente. —Con eso quiero que te quede claro que no tienes permitido pensar por ti misma… Soy tu dueño —él espetó. —¿Crees que con esto voy a obedecerte? solo me dejas claro que eres un animal… aunque ni siquiera, ellos no son tan salvajes como tú. Vladimir se bajó de ella, y le dio una última mirada. Abigail sintió como ese par de ojos la desnudaban por completo. Te pediría que te arreglaras para la fiesta de nuestra boda, pero creo que no estás en condiciones de ir. —Maldito infeliz….

