Capítulo 4

941 Words
21 de diciembre de 2016 Ámsterdam, Holanda   Lena   Hoy mis padres y yo estábamos decorando la casa al estilo navideño y estaba sintiéndome más nostálgica de lo normal por esto. Es ese tiempo del año que tanto amaba cuando era una niña. Navidad solía ser mi festividad favorita, porque toda mi familia paterna, ya que mi familia materna vive en Inglaterra, se reunía en casa. Era una gran celebración y como buena hija única, todos los regalos eran para mí.   Pero eso dejó de existir una vez que empecé a tener mis propios ideales y creencias. Mis tíos no soportaron saber que ya no era aquella pequeña niña sumisa que tanto alababan. Los únicos con los que aún tengo contacto son mis abuelos y porque ellos me apoyan siempre, sin importar lo que salga de mi boca. Para mí, no solía haber nada más importante que la familia, hasta que descubrí que lo más importante era no perderme a mi misma en mi búsqueda de ganarme la aprobación de las personas que quería, pero que no me querían a mí. Una vez que saqué todo lo que tenía dentro a la bola de hipócritas que rodearon a mis padres por tanto tiempo, ese momento fue en el que me di cuenta de que tenía una voz y que la gente me iba a escuchar.   —¿Estás bien, Lena? —el golpecito que Noah me da en el hombro provoca que suelte un chillido del susto—. No estás bien, ya veo.   —Sí, estoy bien —le respondo fingiendo una sonrisa—. Todo está bien, te lo prometo.   Sigo decorando el arbolito con la mirada atenta de mis padres y mi mejor amigo en mí, pero no les presto mucha atención, porque si lo hago, me van a descubrir. De un momento a otro, Noah desaparece y mis padres se hacen los que no saben nada y no me dicen a donde fue, así que lo empiezo a buscar por toda la casa, siguiendo mi instinto. Recorro la planta baja, subo las escaleras y paseo por las habitaciones, sin dar con el paradero del futbolista. Me queda un solo lugar por ir y es el patio, aquel dónde nació el quinteto más increíble de la ciudad. Me asomo ligeramente por el vidrio y lo veo parado en medio del césped, cabizbajo y recitando algunas palabras para si mismo.   —¿Qué haces aquí? Hay mucho frío, Nono —digo deslizando el ventanal. Camino lentamente hasta donde estaba parado y noto que tiene algo escondido detrás de su espalda y parece estar nervioso por ello—. ¿Qué tienes ahí? Noah, ¿qué te pasa?   El holandés se acerca y une nuestras frentes delicadamente sin previo aviso. Cierro los ojos ante nuestra unión, como siempre lo hago, y su mano derecha acaricia mi mejilla, mandando olas de calor a mi frío cuerpo. Mi respiración se vuelve más tranquila y juro poder escuchar los latidos acelerados del corazón de Noah desde aquí.   —No sabes el miedo que tengo en estos momentos —murmura entre dientes. Me separo un poco y frunzo el ceño—. Desde el primer momento que sentí esto, tuve que habértelo dicho, pero mi inseguridad y lo que los demás decían me ganó la batalla. Lo lamento mucho por eso, pero no voy a perder ni un segundo más por esa estupidez.   —¿De qué estás hablando, Noah? No entiendo nada —susurro.   —Me gustas, Lena —sentencia sin más y mi boca se abre enseguida. No me lo puedo creer—. Me gustas mucho y sé que yo no te gusto a ti...   —Ya va, ya va —lo detengo aturdida—. ¿Yo te gusto?   Bakker ríe con los ojos cerrados y me derrito ante tanta ternura. —Claro que me gustas, si eres la chica más perfecta que existe.   Suelto un grito ahogado y me tiro en sus brazos emocionada. Su cuerpo se tensa sorprendido, pero al instante me abraza de vuelta. Escondo mi rostro en su cuello e inhalo su perfume tan característico, eso mismo que hace que no pueda dormir recordando su aroma que, sin duda, me vuelve loca. Me alejo lentamente y observo sus mejillas ruborizadas, las mías deben estar más coloradas.   —¿Quieres ser mi novia, Lena Vanderwaal? —pregunta, sacando un ramo de rosas de detrás de su espalda. Eso era lo que escondía el tonto—. Sólo di que sí, por favor..   —¡Sí, sí, sí! —grito dando pequeños saltos—. ¿Hoy es veintiuno, no? Te juro que el veintiuno es nuestro número, incluso tu cumpleaños al revés es el veintiuno. ¡Es el destino intentando decirnos algo?!   Me lanzo a sus brazos de golpe y soy yo la que uno  nuestros labios por primera vez. El sabor mentolado llega a mi boca y sonrío agradeciendo a todos los santos. Que hermoso tener un novio que ame los chicles con sabor a menta, es la misma gloria. Sus labios eran sinónimo de deliro y es que con cada suspiro que suelto mientras nos besábamos, me doy cuenta que estoy cayendo en un barranco sin salida, que es llamado amor por muchos.       — Un beso bastó para que nuestro amor comenzara, también iniciaron las discusiones y llantos. Antes no entendía por qué decían que el amor es como la guerra, hasta que me enamoré. A veces se gana y otras se pierde, uno no sabe que puede pasar, pero aún así entramos en ese camino que no nos deja sin antes, arrebatarnos hasta la dignidad.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD