4. Frustración

1711 Words
POV BEATRICE -!Buenos días princesa!- escuché a papá mientras abría las cortinas de la habitación, el sol me da de lleno en la cara, me quema los párpados, pero finjo que sigo dormida… como si la luz no me estuviera sacando el alma a tirones -Anda Bea.. levántate ¿Que van a pensar tu tíos?- haciendo un esfuerzo por no arrastrar los pies ni dejar que el cansancio me delate. Me estiro con exagerada naturalidad, fingiendo que he dormido como un tronco, cuando en realidad apenas cerré los ojos un par de horas. No puedo permitir que nadie note lo que pasó anoche, mucho menos que descubran que Valentina y yo salimos a escondidas, me levanto despacio, con el cuerpo pidiéndome a gritos que me quede en la cama, pero no puedo darme ese lujo. Todavía siento el rugido de los motores en los oídos, el olor a gasolina mezclado con el perfume de Valentina, tan cerca de mí en el asiento del copiloto. Las luces de los coches cruzando como relámpagos en la oscuridad, el vértigo en el estómago, su risa desafiando todo. Fue una locura, lo sé. Pero una de esas que no se olvidan. -Hola papi- saludo -Ya bajo- no digo más, el asiente y besa mi cabeza como siempre lo ha hecho desde que soy una pequeña, me lavo la cara y los dientes, me quedo en pijama y camino hacia la cocina fingiendo normalidad, cada paso un esfuerzo por mantener la compostura. No puedo dejar que se den cuenta. Nadie debe saber que escapé con Valentina a las carreras clandestinas, ni que esa madrugada, por un par de horas, me sentí verdaderamente viva -Buenos días a todos- digo con una sonrisa, Valentina viene llegando con un brillo resplandeciente, como si ella si hubiera dormido como bebé la noche entera -¡Familia! No tiene idea de lo feliz que me hace tenerlos a todos juntos- dice portando orgullosa su peculiar pijama de unicornios, todos saludan y corresponden la sonrisa, todos menos Charlie, el nos ve con las cejas fruncidas, como si algo estuviera molestandole, pero me juré sacarlo de mi cabeza, así que trato de no verlo demasiado, pero su mirada que quema, la siento sobre mi -¿cómo durmieron anoche?- nos pregunta a Valentina y a mi, estamos sentadas una junto a la otra, yo finjo masticar, siento que el mundo se detiene un segundo. Mi mente busca una respuesta creíble, pero solo encuentra el eco de los motores, el asfalto devorándose a sí mismo, y la risa de Valentina colándose entre el humo y la adrenalina. No sé qué decir. Las palabras se me atascan en la garganta, como si mi silencio pudiera borrar las horas que pasamos allá afuera, desafiando todo. Pero Valentina no titubea. Responde con una sonrisa tranquila, como si hubiéramos dormido plácidamente, como si el insomnio no nos hubiera rozado ni con un dedo. Lo dice con tanta naturalidad que por un momento casi me lo creo también. Ella siempre miente mejor que yo. O tal vez no miente… tal vez para ella esa noche, entre el ruido y el peligro, fue más reparadora que cualquier sueño.. Charlie nos mira desde el otro lado de la mesa, con esa forma suya de entornar los ojos que me pone nerviosa. No dice nada, pero su silencio pesa más que cualquier acusación. Siento su mirada clavarse entre Valentina y yo, como si pudiera ver la carretera escondida en nuestras pupilas, el rastro de humo que aún no se nos ha ido del todo. Ella sigue actuando como si nada, riendo, sirviéndose café, cruzando las piernas con esa despreocupación suya que tanto me desespera y me encanta. Yo, en cambio, apenas puedo mantener la taza en las manos sin que tiemble. No sé si Charlie sospecha algo o si ya lo sabe. Lo que sí sé es que su forma de mirarme ha cambiado. Hay una pregunta muda, una advertencia tal vez. POV CHARLIE Me siento frente a ellas y las observo. No digo nada, no necesito hacerlo. Hay algo en el aire, Valentina habla con su tono de siempre, ese que usa siempre y que ahora.. Ahora me llena de dudas que no se si quiero investigar más, pero necesito hacerlo, aunque temo de lo que pueda encontrar.. mi hermanita sonríe como si no tuviera secretos, como si la noche no la hubiera tocado ni con la punta de los dedos, y Beatrice… Bea. Reapareció en mi vida como un relámpago en mitad de un cielo tranquilo, y desde entonces, no hay minuto que no piense en ella. Mi prima... La que no debería mirar de esa forma, la que no debería desear, pero lo hago, lo hice desde que la volví a ver apenas ayer, sin saber que era ella y anoche… anoche me volvió completamente loco. Las vi irse, no sabían que yo estaba despierto, no sabían que las seguí, desde lejos ví como si fueran parte del lugar, como si el peligro les quedara cómodo. Y ahí estaban: riendo, gritando entre el humo y las luces, desafiando todo lo que alguna vez creí que eran. Y ahora que les pregunto cómo durmieron.. -Dormimos bien- dice Valentina, sin pestañear -De maravilla- Bea asiente con una sonrisa apenas dibujada. Me mira de reojo y siento que algo en mí se rompe un poco, porque sé la verdad, porque vi todo, porque ellas no lo saben, y porque, maldita sea, desde ayer no dejo de pensar en Bea.. salvaje y hermosa, tan prohibida como irresistible. Yo también sé fingir, así que sonrío, finjo, como si no supiera nada -Que bueno, yo en cambio no he podido acostumbrarme al horario, no dormí casi nada- dije a propósito, vi la sonrisa de Valentina menguar, en cambio Bea sonrió mirándome fijamente -Falta de confianza, me hubieras llamado para seguir hablando, estaré encantada de escucharte.. contar tus aventuras en Corea- y me guiñó un ojo, lo hizo sin que nadie se diera cuenta ¿Es que acaso está loca? Me veo obligado a ignorarla el resto del desayuno, logro poner mi polla dura con solo un gesto, no puedo creerlo.. sencillamente me desconozco.. Cuando estamos por levantarnos, un estruendo en la puerta principal y unos gritos que reconozco a la perfección logran dibujar una sonrisa en mi.. Mis abuelos Erick y Larisa McLara siempre fueron más grandes que la vida misma. De esos que llenan una habitación con solo entrar, con un aura que no viene solo del dinero aunque tienen de sobra, sino de una fuerza tranquila, una presencia que impone y abraza al mismo tiempo. Son inmensamente ricos, sí, pero lo que siempre nos hizo sentir especiales era cómo nos miraban, como si cada uno de nosotros fuera su tesoro más preciado. A todos los amaban, pero a Bea y a mí… con nosotros fue distinto está vez, tal vez porque nos veían menos, o porque desde pequeños siempre fuimos los más parecidos a ellos, con ese fuego callado, con esa forma de ver el mundo con cierta distancia. A mí me decían “hombrecito” y cuando me fui años atrás, a estudiar a Corea, algo en mí se quedó esperando. Hoy volvieron. Y cuando entraron haciendo un pequeño escándalo, no me importó nada más, corrí como cuando era niño, sin pensar, sin frenos. Mi abuela me abrió los brazos antes de que pudiera decir una palabra. Me abrazó como si el tiempo no hubiera pasado, como si no fuera un hombre ya, con los hombros llenos de peso y las madrugadas llenas de secretos. Cuando vio a Bea, la miró por un segundo largo, con los ojos húmedos y una sonrisa temblorosa. -Mi pequeña- dijo solo eso, y la abrazó con una ternura que rompió el aire. Durante esas horas, fuimos solo eso: nietos reencontrados con su historia. No había secretos, ni culpas, ni pensamientos prohibidos. Solo risas, recuerdos, y la sensación de que todo lo que estaba roto podía, por un instante, volver a estar en su lugar. Pero sé que ese instante no durará. Porque aunque ellos nos amen como si fuéramos luz, yo sé lo que escondo en la sombra. Sé lo que Bea despierta en mi. Y aunque por hoy me olvide… esa verdad no tardara demasiado en regresar.. -Beatrice entrara a la universidad los próximos días mamá, está a punto de terminarla ¿No es increíble?- dijo la tía Stef, presumiendo con orgullo las capacidades de Bea -¿Y por qué tendría que ser increíble? Es una McLara, no debería de asombrarles- respondió el abuelo Erick, Bea sonrió, pero yo pude notar su incomodidad -¿Les parece si vamos a los Hamptons el fin de semana?- propuso mi abuela -Necesito un descanso de mi descanso- agregó -Aparte hay que celebrar que estamos juntos de nuevo- -¡Uy si abuela! Podemos irnos hoy mismo- dijo Valentina -¿Irnos a dónde?- dijo Dante haciendo su aparición en la sala, tomado de la mano de Lia, mis ojos brillaron de felicidad pura al verlos, Andrea su hija viene con ellos, que grande está ya no es la misma pequeña que ví antes de irme, ahora tiene 18 si no me equivoco, minutos después aparecen los mellizos Dante y Elena de 15, eran unos traviesillos pero siempre muy astutos ¿Habrán cambiado?, el día está completo para mí, me siento feliz y muy dichoso de estár de vuelta y poder disfrutar de toda mi familia.. -¡Vamos a los Hamptons!- dijo Valentina luego de saludar -Y por supuesto que no pueden negarse a acompañarnos- añadieron mis abuelos, yo solo suspiro, estoy tratando de mantener distancia con ella y ahora esto.. en menos de dos horas ya todos estamos listos para salir a la casa en Hamptons, inocentemente creí que iríamos en auto, pensé en despejar mi mente en esas dos o tres horas de camino, mi sorpresa fue grande cuando nos dirigimos al la pista en Manhattan, donde el Jet de la familia esperaba por nosotros y hacer solo 25 o 30 minutos de viaje, yo solo espero que esas dos no intenten nada.. ¡tienen dos días viéndose! ¿Cómo es posible?.. mald¡ta frustración, es lo único que puedo sentir justo ahora...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD