SAHARA
No entiendo qué demonios le ocurre, ya había quedado claro ese punto. ¿No será que... descubrió que estaba celosa de Aurora? No puede saber que por un breve instante me interesé por él de manera sentimental. Si se entera, el contrato puede terminar y todavía no quiero que se termine. Estoy comenzando a interesarme realmente por esto y no quiero otro sub que no sea Santiago.
Quizás está nervioso por Aurora, a simple vista se nota que no le agrada. Quisiera saber, pero no me puedo involucrar en su vida personal. Ya me lo dejó muy claro.
Considero que nuestros encuentros deben hacerse en un hotel, así evitamos el contacto personal. Ir a su departamento me produce interés por saber más de lo que debo. No sé cuándo se vaya a casar y supongo que el contrato se termina cuando él firme el acta matrimonial.
SANTIAGO
—Buenos días, primo —me saluda descaradamente el imbécil de Adrián.
—¿Primo?
—Te vas a casar con Aurora, eso te hace mi primo.
—No pienso estar atado a un matrimonio sin sentido.
—Sé que prefieres otro tipo de ataduras, por esa razón considero que el matrimonio para ti va a ser satisfactorio, ya que vas a estar atado a una cuerda invisible que te producirá dolor y mucho sufrimiento.
—Imbécil.
Sahara llega de manera inoportuna. Casi siempre llega antes que yo, al parecer se le hizo tarde el día de hoy.
—Buenos días, escritora. ¿Va camino hacia la sala de conferencias?
—Buenos días, señor Cornejo. Justo voy para allá.
—Permita que vaya con usted, así aprovechamos para hablar acerca de la cita de la tarde.
Sahara arquea una ceja como si desconociera acerca de su cita romántica. ¿O será que está fingiendo para no levantar sospechas frente a mí?
Adrián la toma del brazo y casi la forza a avanzar.
—Buenos días, jefe —dice ella con una frialdad tan seria que realmente hace parecer que somos desconocidos.
—Buenos días, escritora —le respondo con la misma frialdad.
Ambos toman rumbo hacia la sala de conferencias. No puedo evitar apretar los dientes y los puños mientras los veo alejarse juntos. ¿Qué demonios me sucede? Ya soy un adulto como para no saber identificar mis sentimientos, aunque dudo que me haya enamorado de Sahara, ¿o sí? No. Eso es imposible, mi corazón se volvió de piedra por culpa de Anna, me juré jamás enamorarme de nuevo. Pero no entiendo este sentimiento de ira y coraje al ver que ella va feliz de la vida con otro.
—¿Qué tanto miras con atención? —pregunta la directora mientras me pega un enorme susto.
—Tu decorador parece estar muy entusiasmado con una de las escritoras de la editorial.
—¿Y?
—¿No fue usted quien prohibió las relaciones amorosas dentro de la editorial?
—Adrián es de la familia, puedo hacer que miró hacia otro lado por una vez.
Sus palabras me producen coraje, puede hacer una excepción con Adrián mientras que a mí me quiere obligar a casarme con Aurora.
—Se supone que soy su hijo, ¿conmigo no puede hacer una excepción?
—Vamos a tu oficina y hablamos.
Nos dirigimos a mi oficina por el ascensor. Antes de entrar solicita una taza de té a mi secretaria.
Nos acomodamos en la sala para charlar seriamente.
—¿Puede hacer una excepción conmigo?
—¿Qué clase de excepción quieres? El matrimonio no es el fin del mundo, haré como que miró hacia otro lado cuando decidas divertirte con alguna de las modelos.
—No es eso lo que pido, me niego a contraer matrimonio con Aurora. Soy un adulto responsable y quiero elegir a mi esposa.
—Conozco de sobra tus peculiares gustos y no puedo permitir que te cases con cualquier zorra sin un apellido que la respalde.
—¿Jamás se ha enamorado? ¿Realmente nunca amó a mi padre?
—Mi matrimonio con tu padre fue una transacción de negocios al igual que tus abuelos y sus padres. Es una tradición. Cumplí con mi deber con tu padre hasta el día de su muerte. Es tu deber cumplir con la tradición, de lo contrario, te olvidas de la herencia.
—Escuché un rumor acerca de otro heredero y me gustaría saber de quién se trata.
Sonríe con sarcasmo.
—¿Quién te dijo eso?
—Eso no importa, quiero saber si es verdad.
—En efecto, existe otro heredero. Eres mi único hijo, sin embargo no te veo con la suficiente capacidad para dirigir la editorial.
—¿Quién es? ¿Aurora?
—No, cariño. Todavía estás a prueba, si te casas con Aurora, tienes mi palabra de que serás tú el único. Hasta entonces, no sabrás nada al respecto. Hablé con la madre de Aurora, la boda está planeada para que se consume a más tardar en tres meses. Dada tu falta de interés, te haré saber la fecha y hora para que te presentes. Nosotros nos haremos cargo del resto. Si te atreves a faltar, ese mismo día anuncio a mi nuevo heredero y te olvidas de todos los lujos que has gozado hasta ahora —se pone de pie, dispuesta a irse sin darme ninguna oportunidad.
La secretaria entra con la taza de té. La directora la mira despectivamente.
—Demasiado tarde, eres una inútil incompetente.
—¿También desea que la despida? —le pregunto molesto.
—Yo siempre cumplo mi palabra, si tienes a una incompetente a tu lado, es por algo. Haré como que miró hacia otro lado —sale de mi oficina.
SAHARA
—¿Qué fue todo eso, señor Cornejo? ¿De qué cita habla?
—De una que todavía no solicito, creo que me adelanté —se sacude su melena sedosa y rizada—. Ya le he dicho que la admiro mucho, y quisiera hacerle una invitación a tomar un café después del trabajo.
Frunzo el ceño. Su propuesta me ha tomado por sorpresa.
—¿Con qué motivo? Cualquier cosa que desee saber me lo puede preguntar aquí mismo.
—Me disculpo por el atrevimiento, no la estoy invitando por motivos laborales. Usted me parece una mujer muy bonita —se sonroja.
¿Qué le pasa a este? De seguro se trata de una broma de mal gusto por parte de Aurora. Ni de coña un hombre como Adrián me invitaría a salir.
—La editorial tiene una regla estricta que prohíbe las relaciones románticas entre empleados.
—Eso no es problema, la directora es como mi tía. No sé preocupe por eso.
—¿Tengo cara de tonta? Vaya y dígale a su prima que yo no me presto para este tipo de bromas infantiles. Usted debería hacer lo mismo, ya es un adulto maduro como para que ande jugando de esta manera.
—Oh, ya veo. Esto no tiene nada que ver con Aurora. Lamento que su relación no sea buena, pero nada tienes que ver. Cómo usted lo dijo, soy un adulto maduro y serio. No me gustan los juegos ni me presto para cosas infantiles. Mi invitación es honesta y sincera.
—Pues no me trago esos cuentos. Sé muy bien como soy y como luzco, y también sé que ni de broma un hombre como usted puede pretender a una chica como yo.
—Yo no le veo a usted nada de malo, mis ojos ven a una mujer inteligente, guapa y centrada. Puedo entender sus complejos, y si usted me lo permite, haré que se borren uno a uno con amabilidad y cariño.
Ahora la que se sonroja soy yo. ¿Cómo creerle? Es imposible. Mi intuición me dice que hay un motivo oculto detrás de su repentina e inusual invitación.
—No la voy a presionar, estoy disponible para cuando esté segura. Ahora volvamos al trabajo.