—¡Mmmmmmm!— Papá gimió al ver lo mojada que estaba y me pasó la boca por el coño como si fuera un helado chorreante.
—¡Madre mía, papi... papi... voy a... ohhhmmmm!—Hice una mueca, tapándome la boca con la mano porque no me atrevía a gritar. Mis espasmos se convirtieron en un pequeño ataque mientras mis ojos se pusieron en blanco. La intensidad de mi orgasmo empeoró cuando los labios de papi se cerraron sobre mi clítoris, y sentí la punta de su lengua rozándome la punta. —¡Oooohhhmmmmmyyy Diosssss!— grité desde detrás de mi palma sudorosa.
Arqueé la espalda y perdí la noción del tiempo y el espacio mientras papá no paraba, ni mi orgasmo tampoco. Mis dedos arañaban su espeso vello mientras mis muslos luchaban por no apretarse contra sus mejillas sin afeitar. Me debatía entre necesitar que parara y no querer que dejara de lamer mi clítoris sobreestimulado. Sus manos se deslizaron por mi centro y aferraron mis pechos vibrantes como si lo llamaran. Sus manos cálidas y ásperas los apretaron mientras sus labios y su rostro se movían de un lado a otro sobre mi clítoris palpitante.
—Oh, Dios...— gemí entre respiraciones entrecortadas mientras el orgasmo nunca alcanzaba su punto máximo, solo se hacía más y más intenso.
—¡Mmmmmmmmm!— Papá me gruñó como un sabueso vigilando su comida, y las vibraciones de su boca me llevaron al límite como ningún vibrador ni cosa sexy en mi vida lo había hecho.
Mis labios se separaron en un grito silencioso mientras mi frente formaba un rompecabezas. Arqueé la espalda y lo último que vi antes de cerrar los ojos con fuerza fue la mirada dura y severa de papá fija en la mía mientras devoraba mi clítoris.
"
—¡Ohhhh, qué lástima!—, grité mientras el orgasmo me retorcía el cuerpo. Me revolqué en la cama sin control mientras mi papi se subía a la ola de mi cuerpo. —¡Aa ...
Durante un tiempo indeterminado, solo pude ver oscuridad y no oí nada. La fantasía de mi vida por fin se había hecho realidad, y recibí todo lo que siempre había deseado. La sensación era... embriagadora, como mínimo.
Cuando recuperé la consciencia, lo primero que oí fueron mis respiraciones entrecortadas y puras, jadeando como una posesa. Parpadeé varias veces; vi manchas y el techo de mi habitación se iluminó. Papi acababa de lamer mi lío entre los muslos y sus labios y lengua me besaron desde la parte exterior de las costillas hasta los pechos. Sentía un hormigueo en todo el cuerpo por las sacudidas del orgasmo que aún recorrían mi piel.
El beso que compartimos cuando sus labios tocaron los míos fue como la cura de una enfermedad que había padecido toda la vida. Me rodeó los hombros con el brazo y mis manos se aferraron a sus mejillas mientras nuestras lenguas se besaban. Sin pensarlo, mis piernas se engancharon en su espalda.
El orgasmo no fue suficiente. Papi necesitaba correrse. Papi necesitaba correrse dentro de mí. Quería que papi me quitara la virginidad.
Papi se metió entre mis piernas. Sus besos se volvieron más profundos y traviesos. La punta de su lengua se estiró contra la mía mientras sus manos parecían estar en todas partes a la vez. Perdí la noción del tiempo y del espacio. Sentí que me tocaba los pechos mientras succionaba un punto sensible en mi cuello, debajo de la oreja. Su cálida palma recorrió la base de mi cremoso muslo hasta que sus dedos rozaron mi húmeda rajita.
Cuando papá se levantó para quitarse la camisa, yo también me quité la mía con entusiasmo, dejándome desnuda al instante. Me di cuenta de lo vulnerable que me sentía y de que solo podía ser así con un hombre: papá...
—Ay, cariño—, jadeó mientras sus labios se posaban en mis pechos y, de repente, me dolieron los pezones mientras sus dedos los pellizcaban y sus labios los succionaban. Mientras tanto, mis caderas se retorcían como si estuviera poseída. Estaba tan excitada porque mi papi me estaba comiendo el semen que lo suplicaba.
—Papi... Papi, por favor... Te necesito...—, gemí mientras sus labios se elevaban y volvían a los míos, y sentí su m*****o duro flexionarse contra mi coño. —Mmm...
Mis manos se aferraron a su espalda y apretaron su trasero desnudo mientras su m*****o jugueteaba con mi clítoris durante demasiado tiempo mientras mi mente se arremolinaba en las profundidades de la locura. Cuando su punta finalmente comenzó a presionar contra mi coño virgen, mis ojos se abrieron de par en par y mi respiración se aceleró. Apretó más fuerte, lentamente, hasta que sentí que su gruesa cabeza comenzaba a penetrarme.
—Mmmmmahh... Papi...— gemí, rompiendo el beso porque me sentía tan llena y sin embargo, la polla de papi seguía entrando más y más profundo.
—Estoy aquí, cariño—, gimió su aliento caliente en mi oído. —Uf... Dios, te sientes increíble, cariño. Lo estás haciendo... haciendo un... buen trabajo... joder...
—¡Mmmmmmmm!—Gemí al sentir la enorme polla de papi romperme. Su grosor me estiraba hasta el límite, me retorcía de espaldas, pero no tenía dónde moverme. Estaba atrapada bajo papi. Era suya. —¡Dios mío... Papi!
—¡Ughhhh!— gimió papá mientras empujaba su polla completamente dentro de mí.
El remolino de dolor y placer se encendió en mi interior y me dejó temblando. Entrecerré los ojos cuando sus labios encontraron los míos. Me besó largo y temblando mientras papá sostenía su gruesa polla profundamente dentro de mí. Sentí cómo se flexionaba mientras mi coño luchaba por acostumbrarse a su tamaño.
Entre jadeos y con su frente apoyada contra la mía, papá preguntó: —¿Estás bien, cariño?
Me tomó un momento concentrarme, pero asentí y chillé: —S-Sí, papá...
Salió de mí y volvió a penetrarme lentamente, y luego lo hizo de nuevo. Y otra vez. Y otra vez. Cada vez lo oía gruñir un poco y yo gemía. La primera penetración dolió, igual que la segunda, pero la tercera fue mejor, y para cuando ya entraba y salía de mí sin parar, me costaba mucho ocultar lo bien que me hacía sentir.
—Oh, Dios... Papá...
—¿Te gusta eso, nena?— preguntó mientras su embestida se hacía gradualmente más fuerte.
—S-Sí... ay, Dios, sí...— grité al oír el aplauso de papá al chocar contra el mío. —¡Ay, Dios mío...!
Papi me agarró los muslos y me abrió de par en par para él mientras empezaba a follarme con más fuerza. Su polla gorda se abría completamente y volvía a entrar con fuerza con cada embestida. Apreté contra él, pero él me la metió con fuerza, lo que me estaba volviendo loca.
—Dios mío, Dios mío, Dios mío...—repetí mientras papá me tocaba los pechos. —Papá... Papá... Ay, joder, papá... Creo... Creo que voy a...
—¡Eso es... puedes hacerlo... hazlo... ughhh!—, gimió papá mientras mi coño se apretaba contra él. Metió su polla dentro y me besó mientras un orgasmo eufórico me invadía. Mis piernas rodearon sus caderas y lo apreté como un osito de peluche mientras temblaba, y mi coño se aferró a la polla de papá. Mis labios se hundieron en su garganta mientras lloraba. Cuando finalmente recuperé la consciencia, fue con los suaves susurros de papá en mi oído. —Está bien, cariño... Papá está aquí... Papá está aquí... Nunca te dejaré... Te quiero, cariño. Siempre te querré...