Deseo oculto
La puerta crujió.
No sé si quería que me pillaran, pero lo era en el momento en que la puerta crujió. Papá se follaba a mamá tan fuerte que siempre podía oírlo destrozándolo a través de mi pared. A los 18 años y a punto de graduarme del instituto, ya era una auténtica zorra. No es que tuviera sexo todavía (no lo tenía), pero eso no me impedía follarme como una loca cada vez que oía a papá follar con mamá.
Esta vez no fue diferente. Era sábado por la noche, una semana antes de mi ceremonia de graduación. Empezó con gemidos ahogados de mamá; Dios, me encantaba oír sus gemidos. Cómo eran suaves y luego un grito repentino antes de que se callara. Sabía lo mal que estaba: ninguna chica de 18 años debería excitarse tanto con el sonido de su mamá siendo follada, y allí estaba yo, parada en la puerta de casa de mis padres, con los dedos vibrando en mi húmedo clítoris mientras veía a mi papá penetrar a mi madre con su polla.
Me he corrido con todo tipo de porno que he encontrado en internet, pero nada comparado con los orgasmos que he experimentado escuchando este sonido. Algo en estar tan cerca de la puerta, oír sus respiraciones agitadas y saber que estaba a solo unos metros de un sexo tan intenso me hizo correrme tan fuerte que casi me desmayo.
Estaba empezando a alcanzar el clímax cuando me di cuenta de que la puerta de mis padres no estaba bien cerrada. Me habrían convencido de saltar de un puente en ese momento si eso significaba ver lo que oía. Presionando ligeramente la puerta, jadeé al abrirse y vi a mi papá encima de mi mamá. Ambos estaban desnudos; los tatuajes tribales de mi papá en su brazo bailaban con sus músculos flexibles. Mamá arqueó la espalda mientras papá le metía su gruesa polla en el coño.
Pero no me di cuenta hasta que fue demasiado tarde, de que la puerta seguía abriéndose de par en par hasta que crujió y mamá y papá me miraron.
—¡Ahhh!— grité mientras papá me agarraba del pelo y me arrastraba el resto de la habitación. —¡Lo siento!
—¡Te dije que había estado husmeando! —gritó mamá, incorporándose en la cama. Sus grandes pechos se balanceaban.
Papá me arrastró cerca de la cama y luego me tiró al suelo. Sentí un hervor de pánico en el estómago y no sabía qué decir ni hacer. ¡ ¿Qué se supone que debes decir cuando te pillan tocándote mientras espías a tus malditos padres?!
—Alyssa...—, dijo mi padre con tono de advertencia. Era el mismo tono que usaba conmigo cuando no hacía mis tareas de la semana, solo que esta vez pude ver su gran pene rebotando entre sus piernas desnudas mientras lo decía. —¿Te estabas tocando?
Miré lo que mis padres miraban: mi mano, y ellos vieron mis dedos brillantes y húmedos. Rápidamente junté mis muslos y escondí mis bragas empapadas.
—¡Alyssa, respóndele a tu padre! —me advirtió mamá.
—Sí—, gemí, con la cabeza hundida en el suelo.
Mamá recogía su ropa del suelo y resoplaba de frustración. —¡Ves! ¿Qué te dije? Esta chica. Es una metiche. Ni siquiera podemos tener un rato a solas sin...
—Lo siento, mamá. Solo...—comencé y me detuve.
—¿Qué?—preguntó mi padre.
—A veces me pongo muy cachonda. Lo siento, papi. Sé que está mal—, lloré entre mis manos, escondiendo mi cara, estaba tan avergonzada.
—¡Ay, ya basta, Alyssa! ¡Tienes 18 años, por Dios! ¡No puedes llorar tanto! —me advirtió mamá.
—Oye, no pasa nada—, me consoló mi padre, dándome una palmadita en la cabeza como si fuera un perro, pero curiosamente se sentía bien. —Oye, cariño, quizá no tenga por qué arruinarnos la noche.
—¿De qué estás hablando?— suspiró mamá. —¡Ya está arruinado!
Papá se volvió hacia mí y secó las lágrimas de mis mejillas con su pulgar. —Oye, cariño, mírame. ¿Alguna vez has tocado una polla antes?
—No— dije entre sollozos.
—¿No? Ven, cariño, rodea eso con tus manos—, dijo papá, y guió las mías alrededor de su m*****o. Estaba demasiado sorprendida como para pensar en nada mientras se desarrollaba el torbellino de acontecimientos. De repente, estaba de rodillas, mirando el cuerpo desnudo de mi padre, con mis manos acariciándole el m*****o. —Aquí tienes, suave y con cuidado, desde la base hasta la punta y de vuelta hacia abajo.
—¿Qué crees que estás haciendo?—salió a la luz el tono de advertencia de mi madre.
—Mmm, ahí tienes, cariño, aprieta un poco más fuerte. Ahora dale un toque más rápido a papi...— Papi sonrió con los dientes apretados. Sentía su pene palpitar en mi agarre, sentía su calor corporal irradiar como fuego, y la forma en que ignoró a mi mamá y fijó su mirada en mí me hizo retorcerme de excitación. —Anda, dale un beso, cariño.
Parpadeé y me lamí los labios antes de besar la punta hinchada de papá. Su piel estaba cálida y suave. Aún estaba húmeda del coño de mamá y el líquido preseminal goteaba de su uretra cuando le di un tercer beso y lo dejé allí. El líquido preseminal era blanco y viscoso, y no quería caerse.
—Vamos, nena. Pruébalo, pórtate bien con papá"—me animó papá mientras me miraba fijamente. Mis ojos se encontraron con los suyos mientras extendía la lengua y lamía su semen. Al instante, la combinación de su sabor salado y la debilidad en sus ojos al tocarme me embriagó. No había nada que deseara más que complacer a papá.
De repente, la mano de mamá interrumpió nuestro contacto visual, ahuecando la mejilla de papá y desviando su mirada hacia ella. Besó a papá con agresividad, y papá agarró bruscamente un puñado del cabello rubio de mamá, besándola profundamente y toqueteando sus pechos gordos.
Sintiendo que papá me robaba la atención, mis labios rodearon su m*****o sin pensarlo. Guiada solo por el instinto, la selección de porno que veía y el deseo, le estaba haciendo mi primera mamada a mi papá y compitiendo con mi mamá.
Aunque no fue tan divertido sin que papá me viera, sentí menos presión a medida que me familiarizaba con su pene. Mis manos acariciaban la base de su m*****o mientras mis labios presionaban la punta y sentía su punta rozar el paladar. Cuando mi lengua lamió la punta de su pene, oí a papá gemir y sentí su enorme garra acariciarme la frente, apartándome el pelo de la cara como una buena niña.
A pesar de que sus labios todavía estaban enredados con los de papá, mamá me frunció el ceño y sin previo aviso me empujó y me dio una bofetada en la mejilla, apartando mis ojos de papá.