—Vamos, mi tesoro—, me animó papá. Sus dedos me apartaron suavemente el flequillo y metieron un mechón suelto detrás de la oreja. —Usa tu boca para demostrarle a papá cuánto lo quieres... Me lamí los labios y me acerqué más. Mirando a mi papi mientras me sonreía, le di suaves besos en la base del pene mientras mis manos acariciaban sus muslos. Para cuando mis palmas rozaron su m*****o, mi lengua ya lo había recorrido hasta la punta. Envolví mis labios alrededor de su hinchada y rosada cabeza y la chupé como una piruleta. Su piel salada sabía casi tan deliciosa como el cremoso líquido preseminal que rezumaba de su punta. —Mmm...— gemí al sentir mi coño deslizarse por la cara interna de mi muslo. Era adicta a papi. Sus caricias, sus gemidos, su piel... todo. Nunca había estado tan excitada

