Solo para Papi Rob entró en la cocina donde su esposa, Kate, preparaba la cena. De pie frente a la estufa, con su delantal rosa y el cabello castaño recogido con pulcritud, parecía una ama de casa perfecta, sacada de un anuncio de una revista de los años cincuenta. En realidad, casi lo era. Kate trabajaba a tiempo parcial como recepcionista en un bufete de abogados cercano, pero pasaba la mayor parte del tiempo en casa. Salía los fines de semana o los viernes por la noche con amigos del trabajo, pero no le importaba quedarse casi todas las noches en casa. Disfrutaba tanto de la apariencia de ser una esposa perfecta como de los beneficios que ello conllevaba, como tener una casa siempre limpia y una nevera llena de alimentos vegetales saludables. Su vergüenza secreta era que le gustaba v

