Me volví más agresiva y dejé escapar mi lengua, acariciando y lamiendo la punta de su glorioso m*****o. Bajé más sobre su m*****o, permitiéndole llenar por completo mi boca caliente. Lo oí gemir e intuitivamente comencé a subir y bajar lentamente, mis pechos meciéndose con el movimiento. Tragué el órgano cada vez más profundo hasta que me atraganté y grité en protesta. Mi objeción pareció solo avivar a papá, y sentí que me agarraba la cabeza con fuerza y se lo metía rápidamente en la boca. Se tensó y lo sacó bruscamente. Por reflejo, me acerqué a él, ansiosa por continuar. Me detuvo, apartando su m*****o de mis labios brillantes. "No podré correrme más de una vez, princesa", explicó mientras yo hacía pucheros de rodillas. "Y no quiero que tu primer orgasmo sea así". Resoplé burlonamente

