—No, no, no, putita, no pares hasta que yo te lo diga—, dijo mordiéndose el labio inferior mientras sus dedos me destrozaban el coño. El húmedo sonido de sus dedos entrando y saliendo de mi coño llenó la habitación, eclipsando el zumbido sordo del televisor. Me temblaban los muslos y tuve que esforzarme al máximo para evitar que se cerraran sobre la mano de mi madre. —Ya está, puta. Córrete para mami. Córrete en la mano de mami como una buena puta... —¡Mmmmmmmahhhhh...! ¡Mierda! ¡Mami!—, gemí con la voz temblorosa al correrme. Todo mi cuerpo se paralizó cuando un chorro de jugos salió disparado de mi coño. Aun así, mi madre no cedió y siguió metiéndole los dedos en el coño de su hija hasta que quedó en carne viva y sobreestimulado. Mis muslos se cerraron de golpe y me convulsioné de lado,

