Ya con calor, me acerqué a la ventana y la abrí para que entrara un poco del aire invernal de la tarde. Me encontré de pie frente al espejo de cuerpo entero, mirándome mientras la brisa se arremolinaba en la habitación. Al mirarla fijamente, de repente sentí mucha curiosidad por la chica que me devolvía el reflejo. Lentamente, me levanté la camiseta holgada de algodón blanco hasta justo debajo del busto, dejando aún más al descubierto mi pijama rosa a cuadros y mi torso desnudo. Me examiné, notando cada imperfección y peca en mi pálido cuerpo de dieciocho años. Con destreza, mis dedos se deslizaron por mi abdomen y, en silencio, deseé ser diferente. Mi camisa se cayó mientras mis manos ahuecaban mis pechos. Me avergonzaba del '32B' que estaba impreso en las etiquetas de mis sostenes. Pod

