Katie me llamó más tarde esa noche y me dijo que ella y Shanna iban a cenar y luego a ver a unos amigos. Me dijo que llegaría a casa sobre las diez u once, pero era casi medianoche cuando por fin la oí entrar. Yo estaba en la cama leyendo, con solo unos calzoncillos puestos. Katie me abrió la puerta. "Hola, papá." "Hola tú también. ¿Te divertiste?" "Sí, fue genial." "Estuviste fuera hasta tarde. ¿Bebiste algo?" —No. Uno de los chicos me dio una cerveza para beber, pero... —Katie arrugó la nariz al recordarlo. "¿No es de tu gusto?" "No. Qué asco. Bueno... buenas noches, papá." "Buenas noches, bebé." Katie fue a su habitación y yo cerré mi libro y apagué la luz. Apenas me había quedado dormido cuando escuché la voz de Katie. "¿Papá? ¿Puedo acurrucarme contigo otra vez?" "Seguro."

