Correte en mí Papi ¡Disparos! Estaba listo para atacar y desarmar a Becky. No sentí el impacto, aunque a veces el dolor tarda segundos en llegar al cerebro. La miré. Cayó como un muñeco de trapo, soltando el arma. Cayó al suelo. Se disparó. Oí un grito detrás de mí. ¡Era mi Zoe! ¡La golpearon! ¡Oh, Dios mío, no! Estaba tirada en el suelo, desnuda, con la sangre brotando de su muslo. Aún tenía la cerbatana en la mano. ¡Papá, me han golpeado! Me duele. ¡Ay, Dios mío, cómo me duele! Estoy sangrando. Ayúdame, papá. Por favor, ayúdame. Le eché un vistazo rápido a Becky. Le habían disparado en el hombro derecho con una pistola de juguete, una bala de bajo calibre. Sangraba, pero no tanto como Zoe. Oí las sirenas. Zoe debió de haber llamado al 911 antes de salir de la habitación. Corrí hac

