Pasamos por migración antes de abordar el avión, el día de hoy viajariamos a México para celebrar las Fiestas Patrias.
Aunque admitía que tenía un poco de nervios por conocer al resto de la familia de Ernesto, me sentía seguro ante el hecho de que mis padres también irían, incluso la familia Smith.
Largas horas de viaje hicieron que el trasero me doliera horrores, por lo que en cuanto llegamos al aeropuerto de la Ciudad de México me estiré para eliminar un poco la rigidez de los músculos.
Tomé mi equipaje junto con el de la Chinita y me encaminé hacia ella. Tenía puesto un short de mezclilla con una sudadera blanca con unos tenis del mismo color; su cabello lo tenía atado en una coleta baja.
Varios flashes hicieron que parpadeara para poder ubicarme, un montón de reporteros se encontraban a mi alrededor, también había al menos una docena rodeando a un Ernesto incómodo.
Había olvidado completamente el gorro de lana y los lentes que usaba para despistar a la multitud, tal vez la emoción de llegar a un nuevo país me habia ganado.
Vi a Evelin, la cual se encontraba de pie en medio de, al parecer, seis reporteros. Me las apañé para llegar hasta ella, por lo visto nuestras familias ya habían salido de todo aquel alboroto.
Los entrevistadores no paraban de atacar a Evelin con preguntas, ella sólo se encogía más y más más su lugar. Oraciones como "¿Qué se siente ser hermana de unos de los mejores jugadores de España?" O "¿Es cierto que abrirás la presentación el 15 de septiembre en la Explanada del Zócalo?"
Evelin como podía respondía a todas las preguntas que se le hacían, siempre con una sonrisa tímida en la boca.
—Roger —un periodista se atravesó en mi camino —. ¿Es verdad que mantienes una relación con Itzel Stanley?
—No —fue mi respuesta.
—Los medios dicen que se les ha visto en la fiesta de la victoria en Madrid —seguía hablando el hombre.
—Siendo honesto, y no es por ser grosero, me importa muy poco lo que los medios digan u opinen sobre mi —por Dios, lo único que quería hacer era llegar hasta Evelin y salvarla de todos esos reporteros —. Y si me permiten, tengo que llegar hasta esa chica de allá.
—¿La hermana de Ernesto es algo tuyo? —soltó la pregunta ahora una reportera.
—Nos estamos conociendo —contesté sólo para que me dejaran en paz.
Al parecer funcionó, pues pude caminar con más facilidad entre la multitud. Cuando estuve a lado de Evelin, las preguntas ahora fueron dirigidas hacia mi.
—¿Seguirás estando en la próxima liga? —hizo la pregunta un hombre.
—¿Es verdad que el París Saint-Germain te ha buscado para pertenecer a su equipo? —fue la siguiente incógnita.
—Me estoy tomando unas vacaciones —respondí a la primera pregunta —. Y por el momento no puedo dar información sobre mi próximo destino, aunque la verdad estoy muy bien en donde estoy ejerciendo mi trabajo.
—Evelin, ¿podría responder una pregunta para el reality show Ventaneando? —cuestionó un reportero.
—Mhm... claro —aceptó.
—¿Cómo lleva el hecho de no poder ver?
Me tensé al instante, no sabía si a Evelin le incomodaba que preguntaran por su pequeño contratiempo, aunque ella no parecía afectada en absoluto.
—Bastante bien, llevo años viviendo con el no poder ver. Admito que los primeros meses fue difícil, aunque con el apoyo de mi familia pude sobrellevarlo —fue su explicación.
—¿Y su madre? ¿Qué tal han ido las terapias?
—Los fisioterapeutas dicen que es difícil que pueda recuperar la movilidad al cien por ciento —una nota de tristeza se reflejó en su voz —. Aunque con ayuda de las terapias y demás han dado varios frutos.
—La última vez que se vio a tu madre, ella iba en silla de ruedas, ¿Aún la utiliza?
—Muy pocas veces, por lo regular ya usa muletas, bastón o andadores.
—Esperamos una pronta recuperación para ambas —deseó el reportero.
—Ella y yo agradecemos sus buenos deseos —dijo con una sonrisa.
—Sáhara Avila del programa Hoy —se presentó una nueva reportera —. ¿Hay alguna noticia de la operación que te harán?
—Buen día Sáhara —saludó Evelin —. La última visita al medico fue hace un mes, y según lo dicho, a principios del próximo año estaremos analizando más a fondo las posibilidades que tengo de recuperar la vista.
—Para eso faltan cuatro meses y medio, ¿es seguro esperar tanto?
-Llevo cuatro años así, no he tenido complicación alguna, y si les soy sincera; no me molestaría seguir así por un poco más de tiempo, tienes muchas atenciones —bromeó.
—¿Quién estará manejando tu operación?
-El Doctor Josh Harvet —esto tiene que ser una jodida broma.
—Uno de los mejores cirujanos de Estados Unidos —recalcó la reportera.
—Mi hermano no quería dejarme en manos de cualquiera.
—Una última pregunta —pidió la reportera, a lo que asintió la Chinita . ¿Abrirás el grito de Independencia en el Zócalo?
—Así es —informa la chica a mi lado —. Y será para mi un verdadero honor cantar junto con una de las promesas del legado Aguilar.
—Sin duda la voz de Angela Aguilar y la tuya harán estallar la Explanada —halagó Sáhara.
—Muchas gracias, ahora, si nos permiten; tenemos que retirarnos, ha sido un viaje muy largo y ellos tienen que descansar —pidió Evelin —. Yo tengo que ir a probarme el vestido para ese día.
—Un placer haber coincidido con ustedes, y gracias por la entrevista —se despidieron los reporteros.
—Un gusto —fue mi respuesta.
Todas las cámaras se alejaron, incluso las que rodeaban a Ernesto. Nos juntamos los tres con una sonrisa algo tensa.
—Recuerdame usar una gorra y lentes cada vez que bajemos de un avión —pedí.
—Mierda, gran bienvenida nos han dado —soltó mi amigo —. ¿Estás bien Evelin?
—Si, eso ha sido... intenso. Pasarán los años, pero aún no me acostumbro a tanta atención.
—Gracias por ayudar a mi hermana, Roger —dijo Ernesto —. No pude salir de ese jodido campo de fuerza, ha sido una verdadera putada.
—Eh, sin malas palabras —lo reprendió la Chinita.
—Como si vos no las dijerais —reclamó el mayor de los hermanos.
—Solo en ocasiones que lo ameritan —aclaró.
—Da igual —le restó importancia mi amigo —. Vayamos ya a esa jodida boutique para que veas tu vestido.
—Y después a casa —celebró la chica.
—Por fin —exageré.
Los tres caminamos hasta llegar a la camioneta que nos esperaba. Los edificios eran enormes, había tiendas por doquier y ni hablar de los cientos de puestos ambulantes distribuidos pe las calles.
Entramos a una calle donde solo había tiendas de ropa. Marcas de todo tipo había por las enormes tiendas. Entramos a una en concreto, en el mostrador colocaron al menos cinco diferentes vestidos, cada uno más hermoso que el anterior.
Entramos por las puertas corredizas y una señora de unos cuarenta años preguntó si veníamos por algún pedido o a tomar medidas.
—Venimos a ver el vestido de Evelin —respondió Ernesto.
—¿Barnett? —cuestionó de vuelta la dependienta.
—Si —confirmó la Chinita —. Y también venimos a tomarle medidas al otro chico, necesita un traje para el quince.
—¿Color?
—n***o y plateado.
—Tenemos uno que puede ser de su talla, pasa por acá joven, así que no será necesario tomarle medidas —señaló un pasillo a sus espaldas.
—¿Y yo para qué necesito un traje? —pregunté extrañado.
—El quince de septiembre es un día para celebrar, no quiero que lo vivas a medias —explicó Evelin.
—Mhm... está bien.
—El señor Julio los espera en aquella puerta —señaló un lugar —. Estaba preparando todo para cuando llegaran.
—Gracias —respondieron los hermanos.
—Acompáñame —pidió la mujer.
A paso acompasado, la seguí por el largo pasillo, donde nos detuvimos a la tercera puerta a la derecha. Dentro habían perchas con trajes de lo que suponía eran de mariachis. Eran de todos los colores, verdes, rojos, beige e incluso rosas.
La dependienta fue hacia una percha en concreto, en ella había un traje n***o, debajo de él estaba una caja donde se encontraban los zapatos de todos números.
—Estos le quedarán —tomó una caja, que inmediatamente le arrebaté para ayudarla.
—Sígame, por acá están los probadores —salió al pasillo y entró a la última puerta.
Sobre un sillón dejó el traje, para después tomar de mis manos la caja con los zapatos y colocarla en el suelo.
—Los botines son color crema, podemos cambiarlos si no le gustan —sugirió la mujer.
—Así está perfecto, muchas gracias —aclaré.
—Lo dejo para que se lo pruebe, cualquier inconveniente estaré con sus acompañantes.
—Claro, y nuevamente gracias.
Ella sólo asintió y dio media vuelta para retirarse. En el cuarto, además del sillón, se encontraba una silla de madera, un espejo de cuerpo completo y una repisa con una plantita.
Saqué del forro el traje y lo observé. Tenía detalles bordados en color plateado en forma de herraduras de caballo, las rodeaban hojas igual bordadas.
En las mangas tenía tres botones de plata perfectamente colocados, tenian la forma de la cabeza de un caballo. En pantalón tenía los mismos botones a lo largo, en los costados.
Una camisa color blanco sencilla también venía incluida, junto con un moño n***o con las mismas herraduras bordadas. Era precioso.
Me quité la playera Polo que tenía y la cambié por la camisa, acomodé el cuello de tal forma que no se viera mal. Después me deshice de mis zapatos y pantalón de mezclilla, quedando solo en bóxer.
Del sillón tomé el pantalón y me lo puse, me quedaba perfecto. Había una pieza más, un chaleco que supuse iría primero. Los botones ahora eran sencillos, pues los otros, además de tener la forma del caballo; eran largos y tenían tres cabezas.
Me abroché los botones y me vi en el espejo. Un Roger distinto y más elegante se reflejó, me quedaba genial.
Ahora lo que faltaba era el saco, con cuidado lo puse alrededor de mi espalda y cubrí mis brazos. Tenía un botón más grande que los demás y un broche en el, así que lo abotoné.
Saqué los zapatos y los analicé, eran semejantes a unas botas y el color combinaba muy bien con el traje. Me los calcé y sorprendentemente me quedaron.
El moño lo dejé al final, y ya completo el traje me sorprendió, me veía incluso más erguido. Caminé en círculos para verlo te dedos los ángulos, y sonará narcisista, pero me veía increíblemente apuesto.
Decidí mostrarle a los demás como me quedaba, así que salí del probador y me dirigí al lugar donde estaba Evelin y los demás.
Antes de entrar, llamé a la puerta y un pase se escuchó, así que giré la perilla y entré. En un sillón largo estaban sentados Ernesto y la dependienta, mientras que un hombre de aproximadamente cincuenta años estaba de pie.
—¿Qué tal? —pedí su opinión.
—Joder tío, te queda de puta madre —exclamó Ernesto.
—¿Verdad? —dije mientras daba una vuelta sobre mi eje.
—¿Le resulta pesado? —cuestionó la dependienta?
—Un poco.
—Es normal —explicó el hombre —. La botonadura pesa. Ese traje es una de mis más grandes creaciones
—Es hermoso, los detalles son increíbles —alagué.
—¿Eres modelo? —fue el siguiente pregunta.
—No.
—¿Te gustaría serlo? —por mi cara de confusión, se apresuró a explicarme —. Dentro de una semana habrá una pasarela donde presentaré varios trajes y vestidos hechos por mi, Evelin ya aceptó ser partícipe, aunque hace poco mi modelo principal se rompió un hueso y no podrá participar.
—Pero no sé nada sobre modelaje.
—Solo es caminar, mantener el equilibrio y posar para las cámaras, nada del otro mundo —le restó importancia.
—Pues... —pensé por un momento —. ¿Si?
—¡Genial! —comenzó a aplaudir —. Evelin cariño, ¿ya has terminado de cambiarte?
—¡Un momento! —gritó de vuelta Evelin.
—Toma asiento querido —señaló el sillón el hombre.
—Gracias —me acerqué al lugar que me indicó y me senté.
Al fondo del cuarto, se abrió una puerta y de ella salió un hermosa mujer con cabello rizado.
Tenía puesto un hermoso vestido en color n***o con flores rosas bordadas, tenía los hombros caídos y de ellos salían unas rosas extremadamente detalladas. Era simplemente hermoso.
Los zapatos que usaba eran altos, pero no tanto como para que se le complicará el caminar. También eran de color n***o y tenían rosas en ellos.
—Bellísima —fue mi comentario.
Evelin se sonrojó y bajó la mirada, tal vez la había puesto incómoda, aunque no era mi intención, solo quería engrandecer su belleza.
—¿De verdad? —interrogó a todos.
—Mierda Evelin, cualquier chico que se atreva a mirarte va a recibir un puñetazo de mi parte —exageró Ernesto —. Joder, voy a entrar a la fase de hermano celoso.
—Yo te seguiría hermano —confesé.
—No exageren —pidió Evelin —. Me gustaría poder verlo...
Un poco de tristeza se reflejó en sus ojos, tal vez el no poder ver le afectaba más de lo que aparentaba.
—Ay preciosa, no te preocupes —alentó el sastre —. Mira, ese vestido fue especialmente para ti. Después de la operación podrás verlo.
—Pero no con la misma emoción de ahora.
—Escúchame, cuando todo termine, vendrás a esta boutique y encontrarás otro vestido para ti, solo porque somos besties lo hago.
—Gracias Julio, eres un amor —halagó la Chinita.
—Me lo dicen muy seguido, corazón. Por cierto, ya tenemos al modelo que te acompañará en la pasarela de la próxima semana —aplaudió con emoción Julio.
—¿De verdad? ¿Quién es?
—Yo —salió esa palabra de mi garganta.
—¿Roger? —dijo con intriga —. Vaya, que genial, me siento raramente cómoda contigo.
Ya somos dos. Pensé.
—Al finalizar la pasarela haremos una sesión de fotos, si no les molesta, claro.
—En absoluto —dije.
—Perfecto. Ahora, quítese esos trajes y los dejan en recepción. No puedo creer que ya dentro de quince días sea el festival de la Independencia.
Hicimos lo que nos pidió y dejamos los trajes con la dependienta. Al salir, no pude evitar tomar la mano de Evelin, casi como un acto reflejo.
—¿Has modelado alguna vez? —preguntó de repente.
—Si, en muchas presentaciones de camisetas o algún accesorio para el deporte —informé.
—Entonces no te será difícil el trabajo.
—Para nada.
Dimos por terminada la plática y seguimos con nuestro camino.
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Holaaaaaaaaaaaaaa... de nuevo con las actualizaciones, se que ha pasado mucho tiempo, pero ey, no todo es malo. Creo que el bloque aún sigue, así que tardaré más de lo habitual en subir capítulos, espero y entiendan.
Un saludo a Dulce, una compañera que esta leyendo esta historia