Esto es un maldito juego, del cual no quiero participar. Aprieto mis empuñaduras con fuerza, tratando de mantener mi compostura. Al llegar al lugar, el bullicio de personas es impresionante, las luces de la entrada, las personas de publicidad. Todo parece sacado de una película o de la cabeza de Sebastián, con los circenses en la entrada llamando la atención de las personas. Buena idea. Pienso, mirándolo de soslayo, vislumbrando cómo sonríe entusiasmado, su sueño hecho realidad. La alegría de eso, invade mi cuerpo. ─Es hora─ declara, apoyando su mano de mi hombro para que terminemos de caminar hacia la entrada donde nos esperan con aplausos para cortar el listón. La anunciante detiene la música, nombrándonos y haciendo su papel de anfitrión. Mis ojos viajan hacia las personas debajo

