CAPÍTULO 8
E
se día, Douglas no tenía mucha convicción de que se pondrían en contacto. Los secuestradores sabían que recaudar dinero les llevaría más de 24 horas, pero sería bueno que lo hicieran. Podría haber algunas pistas a través de la llamada.
Satisfaciendo sus expectativas, y no su experiencia, se pusieron en contacto después de las nueve de la noche. A Douglas le pareció extraña la llamada y se sentó junto al padre de Verónica preocupado.
"¡Hola!" dijo el anciano.
"¿Está usted solo? ¿Quién le está ayudando ahora?" el criminal parecía sospechoso y agresivo. "Y no me mienta, porque sé que hay alguien que le guía, viejo".
Miró a Douglas sorprendido, no sabía qué debía decir. Ciertamente pensaban que su tío estaba allí. Probablemente Henrique lo habría buscado. Douglas escribió en un papel para que Pablo hablara.
"Si sabes mucho de mí y de mi familia, debes saber que estoy enfermo y que necesito cuidados. Hoy he tenido que ir al médico, porque mi corazón no está bien y he tenido que pedir a un sobrino mío que me acompañe. Tengo problemas de salud y necesitaré su apoyo. Espero que lo entiendas". su voz debilitada mostraba toda la tensión que había invadido al pobre hombre.
"¿Un sobrino? No juegue con nosotros, amigo mío. No estoy dispuesto a dejarme engañar y bien podría matar a su hija aquí y ahora" amenazó el hombre fríamente con una voz áspera.
"¡Por favor! No estoy en contra de nada de lo que me has pedido. Ya tengo una gran parte del dinero. Sabes que no es fácil reunir una cantidad así y no poder decir para qué es. Este sobrino mío es la única persona que conoce nuestro acuerdo y será solo él, te lo aseguro. Lo único que quiero es recuperar a mi hija".
Douglas le dio un asentimiento positivo para que continuara con su tono de voz sufriente.
"Quiero hablar con tu sobrino." ordenó el criminal.
"¡Por favor! Necesito hablar con mi hija y escuchar su voz" pidió el padre de Verónica.
"Solo dale ese teléfono".
Douglas cogió el teléfono y le pasó la extensión, para que el señor Pablo pudiera seguir lo que iban a decir. Mientras tanto escuchó una orden del criminal para que le dieran a Verónica.
"¿Quién es usted, hombre?" preguntó el hombre.
"Soy el sobrino del padre de Verónica que está con usted". Douglas respondió con naturalidad.
"¿A qué te dedicas?" el hombre se mostró muy suspicaz, y Douglas sabía que esto no ayudaría en absoluto.
"Soy profesor de literatura en una escuela pública. Estoy aquí porque mi tío no está en condiciones de hacer todo por sí mismo. Necesita a alguien que le ayude a mantener las cosas normales por aquí y en la empresa sin atraer la atención de ojos curiosos, ¿sabes?" Douglas oyó un ruido al otro lado que parecía pasos sobre madera.
" Espero que solo sea eso, hermano. Porque bien podría matarla aquí y seguir guardando una bala para ti. ¡Acércala!"
Douglas escuchó el movimiento y se alegró de saber que estaba allí.
"¿Cómo te llamas?" preguntó el hombre a Douglas.
Este miró al padre de Verónica en busca de un nombre conocido. Rápidamente le dijo uno.
"Me llamo Eduardo" dijo rápidamente.
"¿Tienes un primo cercano llamado Eduardo por parte de tu padre?"
Oyeron al criminal preguntar a Verónica y a Douglas le pareció interesante que preguntara si era de su padre. Estaban realmente bien informados.
"Sip" respondió ella con seguridad y el sonido de la voz femenina trajo alivio a Douglas, que no disimuló un breve suspiro.
"¿Puedo hablar con ella?" quiso saber.
"¡Hola!"
Era la primera vez que se comunicaban y Douglas no estaba seguro de su reacción al hecho de que no le fuera familiar. Esperaba que ella actuara con normalidad.
"¿Estás bien, Verónica? preguntó con una alegría que no podía explicar.
"Sí, Eduardo, estoy bien. Dile a mi padre que no se preocupe y que siga con las negociaciones, estoy bien" habló ella aparentemente tranquila.
"¡Verónica!" continuó Douglas con una respiración calmada. "Haz todo lo que te pidan, ¿entendido? Sé obediente y nunca discutas con ellos. Eres muy importante para tu padre y quiere que vuelvas. Eres valioso para esta gente, así que coopera y todo acabará bien". Douglas se sintió aliviado por la oportunidad de guiarla y así poder ayudar también en un resultado positivo del secuestro.
"Lo haré, primo".
Entonces escuchó un ruido en el teléfono.
"Ya has visto que la chica está bien y que la están tratando bien, ahora pon de tu parte, que lo único que queremos es el dinero y tú la chica, así que hagamos esta negociación de la mejor manera posible, ¿entiendes? Ya deberías saber que esto es un secuestro familiar y no vamos a hacerle daño a menos que tú quieras". habló el hombre rudo.
"Sí, lo entendemos y arreglaremos lo que nos pides a tiempo" informó el detective.
"Hablaremos más tarde". Sin esperar respuesta el criminal colgó el teléfono.
"¿Crees que se pueden molestar debido a que hay una persona más aquí?" preguntó preocupado el padre de Verónica.
"No lo creo. Su intención era averiguar si su tío está aquí, pero está claro que ya se imaginaban que había alguien más involucrado y es natural, si estuvieras solo el secuestro podría ser más largo de lo que desean".
"¿Crees que el sobrino de Armando lo ha localizado?" cuestionó en tono serio.
"Absolutamente. Puede que se haya arrepentido de dejar a su tío libre y haya ido a por él, pero creamos que ya se ha olvidado de él, será mejor" dijo Douglas para rebajar la tensión.
"Le agradezco su ayuda para hablar con los criminales e instruir a mi hija".
Douglas sentía simpatía por aquel hombre.
"Haremos todo lo posible para ayudar de la mejor manera posible y traeremos a su hija a casa sana y salva".
"Eso es lo que más deseo". dijo el anciano un poco menos agitado.
"Voy a subir. Si necesita algo, o si recuerda algo que considere importante para ayudarnos, búsqueme, señor Pablo".
"Gracias".
Se fueron a sus propias habitaciones en un intento de descansar, para el día siguiente.
Douglas se tumbó en la cama y se quedó mirando el techo. Aquel caso no era diferente de tantos otros con los que trataba y de otros colegas también. Y aun así se sentía inseguro. Nunca se sabía con certeza cuál sería el resultado de un secuestro, que la mayoría de las veces solo obedecía a intereses económicos. Pero los acontecimientos seguían siendo contradictorios.
Instintivamente, su mente le llevó a la conversación que tuvo con Verónica. Normalmente, le venía muy bien tener pruebas de que la víctima estaba bien y viva, pero en ese momento, cuando escuchó la suave voz que entraba en sus oídos, una mezcla de adrenalina y aprensión le invadió. La mujer estaba tranquila, lo que hizo que Douglas se sintiera muy orgulloso de ella, sobre todo cuando Verónica demostró que estaba más preocupada por su padre que por ella misma. Sonrió y se revolvió hacia el otro lado, esperando que el sueño llegara pronto.
***
Tras ser llevada a la habitación, Verónica se sintió más aliviada pero intrigada. Su padre no confiaría un asunto así a un pariente lejano. El único primo que ella recordaba con ese nombre no la había visitado en años. Probablemente era alguien que su padre había contratado para que le ayudara. Eso sería muy bueno, tendría una persona que le guiara y le hiciera compañía. La voz segura y firme del hombre la complació y le aseguró que todo iría bien. No es que Verónica no tuviera fe, la tenía, pero una seguridad extra siempre era bienvenida, en situaciones como aquella.
"Que empiece ya la resolución de este tormento". deseó pensativa. Aunque era una mujer pacífica, Verónica estaba segura de que cualquier ser humano se estremecería ante aquella situación. Se sintió confiada y se apoyó en la barandilla para observar la silenciosa noche.
Douglas cogió las grabaciones de las dos conversaciones que tuvieron con los forajidos y se las llevó para escucharlas en su lugar especial. En cuanto llegó y se instaló en el árbol, encendió la grabadora.
Los pocos ruidos que habían pasado desapercibidos eran ahora más evidentes e indicaban un mayor movimiento. Al primer contacto se encontraban en algún lugar civilizado. Después de escuchar por décima vez y con más cautela se había dado cuenta de ello. En un barrio de fondo se oía el ruido del claxon de un coche que, aunque parecía lejano, era un signo de civilización. En la segunda llamada, no hubo un movimiento similar los ruidos eran diferentes. Ahora, ya no había sonidos de fondo, parecía que al caer la noche la quietud se apoderaba del lugar. "Podrían estar en el campo, pero dónde, ya que había tanto terreno en todo el estado que se utilizaba como tierra de cultivo, ¿cómo podrían ayudar esas pistas?" Pensó Douglas, después de escuchar las grabaciones varias veces seguidas.
Cogiendo sus pertenencias, se levantó y se dirigió al interior. Ya era tarde y no serviría de nada estar hojeando la información ahora. Al día siguiente, con la mente renovada, su atención a los detalles sería mucho mejor.
De vuelta a la habitación, aún tardó en dormir. Era consciente de que al día siguiente tendría más éxito que todos los anteriores.
La voz de Verónica estaba en su mente tan profunda como sus ojos cuando miraba su foto. Hablaron durante unos segundos, pero le parecieron una eternidad. La suavidad de su discurso llamándole por su nombre falso. Su tranquilidad le agradaba mucho, era una mujer fuerte, y la voz dulce y aterciopelada disimulaba bien. Si no fuera por su necesidad de hablar lo menos posible, le habría preguntado si estaba comiendo bien, si no la estaban torturando psicológica o físicamente, aunque estaba casi seguro de que no lo estaban haciendo, igual le preguntaría para poder escuchar un poco más de ese dulce sonido.
***
Verónica se durmió con el libro en las manos. Ese día sus esperanzas se habían renovado, a través de la lectura y de las palabras de su primo Eduardo, que ciertamente no era su primo y probablemente no era Eduardo.