Mejor dejo de pensar en tonterías y me dedico a trabajar. Siento que tocan la puerta.
—Adelante.
Entra mi secretaria.
—Hola, Patricia, buenos días, ¡te estaba esperando!
—Buenos días, señor. No quise interrumpir la conversación que tenía con su padre, por eso no entré antes. Vengo con su agenda del día. Tiene una reunión por Zoom con el señor Rocco para discutir los términos del nuevo contrato. Su hermano ya me envió los documentos, los revisé y se los envié al correo. Luego tiene el almuerzo con sus hermanos; ya los llamé y confirmaron su asistencia. ¡Eso es todo por el día de hoy!
Levanto la vista y le sonrío, tan eficiente como siempre.
—Gracias, Patricia, puede retirarse. Tómese el resto del día libre.
—Gracias, señor Matteo.
Reviso los documentos con Rocco por Zoom. Cuando logramos ponernos de acuerdo, firmamos y así cerramos el negocio. Llega la hora del almuerzo, así que apago mi computador, tomo mis cosas y salgo de la oficina. Manejo hasta el restaurante. Al llegar, me reúno con mis hermanos, quienes ya están en la mesa.
—Hermano, ¿cómo estás? Mi madre me dijo que papá fue a la oficina hoy, ¿algún problema?
—No, Federico, el tema de siempre. Sabes lo desesperada que está nuestra madre con el asunto del matrimonio y los nietos.
—No quisiera estar en tu lugar.
—No crean que se salvarán, ustedes dos son los siguientes en la lista. Pero yo no pienso casarme ahora, así que seguiré disfrutando los placeres de la vida. ¿Y ustedes cómo van? ¿Alguna novia?
—No, Matteo, y ahora menos. Yo no seré el tonto que lleve una chica a la casa, así que conmigo no cuenten. Soy el soltero Luigi Esposito, me siento afortunado de ser el menor de los hermanos; eso me deja mucho tiempo para disfrutar.
—Cómo te envidio en este momento. Bueno, en realidad los envidio a los dos, ja, ja, ja.
Comemos, conversamos y luego me despido.
—Bueno, chicos, los tengo que dejar. Recuerden que mañana me toca viajar a Chicago por negocios; tardaré como unos cuatro días. Ahora debo ir a casa a preparar las maletas.
—Hermano, cuídate mucho. Yo estaré esperando que me envíes los detalles del negocio para preparar todos los contratos. Si me necesitas, me llamas y yo viajo de inmediato.
—Tranquilo, Federico, que nunca firmo nada sin que tú lo revises antes. Sé que hay muchas personas con ganas de estafarnos. Cuídense.
Salgo del restaurante y conduzco a casa mientras escucho buena música.
Al llegar, me cambio y busco mi maleta. Meto algunos trajes, mis cosas personales y la cierro. Reviso algunos documentos pendientes y repaso las notas que me dio Luigi sobre los empresarios con los que me reuniré. Mi hermano tiene una excelente habilidad para los negocios. Luego me doy una ducha, ceno algo ligero, coloco una película y no sé en qué momento me quedé dormido.
Suena la alarma, así que la apago y me levanto. Son las tres de la mañana. Me doy una ducha y me visto rápido, ya que debo ir al aeropuerto. Tomo un Uber, llego y espero el llamado: pasajeros con destino a Chicago, abordar por la puerta dos. Todo el viaje lo pasé descansando, hasta que por fin llegamos. Bajo, busco mi maleta y tomo un taxi al hotel.
Al llegar, me doy una ducha, me rasuro y salgo a la oficina. Debo apresurarme porque en media hora tengo una junta. Al llegar a la oficina, tomo los papeles que me entrega Caro, que es la encargada de eso acá, y nos dirigimos a la sala de juntas.
Ahí pasó las siguientes seis horas en negociaciones, pero valió la pena, ya que logramos dos grandes contratos. Los socios me invitan a celebrar al término de la jornada y voy al hotel a prepararme para tomar unos tragos con ellos. Llegamos a la disco, subimos a la zona VIP, pedimos unos tragos y conversamos, hasta que uno de ellos habla.
—Vamos a la pista a buscar algo de diversión.
Bajamos y hay muchas mujeres hermosas bailando. Nos acercamos a un grupo de cuatro mujeres muy atractivas. Están bastante tomadas, ya que se ven muy alegres. Me acerco a una que baila de espaldas, la tomo por la cintura y empiezo a bailar a su ritmo. Ella me sigue y, guau, qué movimientos tiene, sin contar que su cabello huele divino, como a rosas. Tiene pinta de modelo, ese cuerpo delgado. La volteo y es rubia, de ojos azules. Me observa, sonríe y me besa. Le respondo el beso con fuerza, la presiono contra mí y me dice algo que me deja sorprendido.
—Vamos a otro lado, hermoso.
La observo fijamente.
—¿Estás segura?
No me da respuesta, solo me besa de nuevo. Yo le respondo de forma apasionada, así que no pierdo más tiempo. La tomo por la mano y salimos. Tomó un taxi.
—Señor, lléveme al hotel más cercano, por favor.
Ella me besa en el taxi y muero de ganas por tomarla en ese momento, pero decido esperar mientras toco su cuerpo a mi antojo. Meto la mano por su vestido y siento que está muy mojada. Al llegar, bajamos del taxi y vamos a la recepción, donde pido una habitación sencilla. Al entrar, no perdí tiempo: la empotré contra la puerta y besé su cuello, luego la desnudé y la hice mía de todas las formas posibles. Debo decir que no es tan buena en la cama, pero igual la pasé bien.
Ella se duerme. Veo la hora y son las tres de la mañana. Debo irme, así que me visto. Luego me acerco a su oído y le susurro: “Gracias por la noche, hermosa”, y salgo a mi hotel. Pensando que así es siempre, debo huir antes de que les dé por querer algo más. Tengo mucho sueño, pero no podía cometer el error de quedarme dormido a su lado.