NEGOCIACIÓN DE REYES

2909 Words
La reunión en el palacio había comenzado. En el comedor estaban reunidos varios de los personajes más importantes del reino. El obispo, el ministro de guerra, los adinerados, algunos caballeros reconocidos, entre otros más. En una mesa independiente pero no menos importante, estaban los invitados disfrutando del festín que sus anfitriones le daban. En esa mesa estaba el rey que venía a negociar alianzas con su similar, su hijo al cuál pretendía comprometer, la reina con su hermosura notoria, los consejeros reales y algunos caballeros que les acompañaban. El rey Ricardo, que era el anfitrión y soberano del reino de el sur llamado Surten, comía en la mesa principal, estaba sobre una tarima donde podía observar todo lo que ocurría. A su lado su esposa, la reina Magdalena y del otro lado su consejero. Había unas sillas más que estaban destinadas a sus hijas. Su sobrina Erendira, así como otros miembros distinguidos, comerían en la mesa bajo ellos. A este rey le gustaba distinguirse como tal y hacerse notar cada que podía sobresaliendo ante los demás. Aunque algunos rumoraban que la corona le quedaba grande pues le sucedió lo mismo que a otros reyes cercanos, al no haber guerras no sabían en qué ocupar a sus soldados y suministros así que hacían cualquier tontería en esos tiempos de paz. La celebración fue interrumpida por el voceador que anunciaba la llegada de la princesa para incorporarse en la reunión. -¡Con ustedes deleitándonos a todos nosotros, el tesoro del reino, la bella princesa Sleidy! El silencio se hizo presente para escuchar la presentación, inmediatamente voltearon a ver hacia la entrada oeste que era por dónde entraba la princesa acompañada de su prima. Esta última caminó rápidamente para no ser más notada de lo que ya era y se sentó en la mesa donde sabía que debía estar. La princesa en cambio se lo tomó con más calma, como si de una modelo se tratase, desfiló lentamente por todo el salón saludando y sonriendo a todos los que ahí se habían reunido. Trató de ver discretamente hacia la mesa de los invitados para intentar cruzar miradas con el príncipe que pretendían se comprometiera con ella. Pero poco pudo ver cuando el rey mismo bajó para tomarla de la mano y llevarla hasta su mesa para sentarla junto a él. Los invitados continuaban aplaudiendo su llegada por un momento más en el que suspendieron sus alimentos. El rey orgulloso de su hija la tomó del brazo para decir. -¡Todo el reino conoce ya a mi hija pero es un honor para mi presentarla a nuestros invitados del reino Olster! La mesa a la que hacían referencia también levantó sus copas y manos para dar por bien recibida la presentación. La reina ordenó a sus sirvientes que llevaran unos regalos que habían traído desde sus tierras ante ellos. -Rey Ricardo. -Dijo el rey del oeste al levantarse. -Es un honor conocer a su hija cuyas descripciones de belleza se quedaron muy cortas. Así también es un honor que nos reciba y el poder compartir los alimentos con ustedes en lo que esperamos sea el inicio de una gran alianza entre nuestros reinos. Nuevamente los aplausos se hicieron presentes por parte de todos los que escuchaban y participaban en la reunión. -Hemos traído estos regalos ofreciéndo una disculpa por no ser dignos de ustedes pero es lo mejor que tenemos en nuestro reino, nos sentimos gustosos en qué los reciban. Además espero que al terminar está fabulosa comida podamos hacer las presentaciones formales. ¡Salud y larga vida al rey! El eco de los invitados dijo "Salud y larga vida al Rey" -El honor es nuestro y somos nosotros los honrados de recibir estos regalos. -Hizo una seña a sus sirvientes para que los recibieran y los colocaran cerca de ahí. -Siéntense como en su casa y sigan disfrutando de la comida, más adelante nos reuniremos para hablar más íntimamente. La reunión siguió si marcha como estaba programada y pronto los invitados habían quedado saciados por la comida. La princesa a lo lejos veía de espaldas al que podía convertirse en su esposo, impaciente le pidió a su padre dar inicio al segundo paso de esa tarde. -Creo que ya es momento de pasar a las presentaciones, los invitados deben estar cansados por el viaje y yo también deseo ir a mi habitación temprano. -Si hija, tienes razón es momento, no hagamos esperar mas a los invitados. -Hizo otra seña más para que un sirviente informara a su rey invitado que podían pasar al gran salón para conversar en privado. El sirviente corrió para cumplir su mandato mientras el resto de los que estaban en esa mesa se levantaron y caminaron al gran salón que estaba a unos cuantos cuartos de ahí. Erendira también se levantó a pesar de no haber sido directamente invitada, pero era una reunión que no se quería perder y que nadie le negaría estar ahí. Al poco tiempo el resto de invitados comenzaron a darse cuenta que los protagonistas de la reunión se estaban alejando y que el momento de negociaciones estaba por llegar. Algunos miembros que sabían debían estar presentes fueron al lugar no sin antes terminar sus bebidas. El nuevo salón era llamado "La sala del Rey" Y era ahí donde se encontraba el hermoso trono de oro encima de unas escaleras las cuales tenían que subirse para llegar hasta ahí. Estás escaleras eran un límite el cual solo los miembros de la realeza podían escalar. En este salón se reunían para los asuntos del reino, para recibir a los ciudadanos que tenían algún asunto pendiente con el rey y también las visitas o celebridades que buscaban algún trato con él. Ricardo subió a su trono acompañado de su esposa que se sentó a un lado. También los acompañó la princesa que formaba parte del atractivo convenio de una alianza. El resto de personas se colocaron frente a ellos debajo de las escaleras. Este grupo estaba formado por la realeza que pretendía la unión, los ministros y consejeros de ambos lados, miembros de la iglesia y algunos otros con puestos importantes. Detrás de todos ellos una fila de caballeros en guardia y bien armados. Rodeando a los emisarios había más de estos caballeros y de ahí hasta llegar lo más cerca posible de su monarca. -Por favor Rey Hermilio, permítanos conocer a su joven hijo el príncipe. -Por supuesto, es un honor para mí presentarle a mi hijo. -Dió un paso al frente empujando a su hijo para acercarse más. -Me siento honrado en presentarles a mi hijo Antonio III, futuro rey al trono. El joven pasó al frente y entre aplausos fue recibido. La realeza dió los saludos y honores pertinentes. La princesa por su parte quedó asombrada pues las historias del príncipe eran ciertas y quedó cautivada completamente. -Muy bien, pasemos a lo importante. ¿Qué términos necesitan para la union de estos reinos? -Me temo que estoy en la penosa necesidad de acudir a reinos lejanos y poderosos porque nuestra familia se dividió y ahora buscan tomar mi reino. La avaricia de mis hermanos terminó por vencerlos rompiendo nuestros pactos, abriendo paso a nuestros enemigos y llevando a los reinos cercanos a una crisis total. -Agachó la cabeza tomando su papel de beneficiario y rogó por su ayuda. -Mis consejeros me pidieron ver más allá de los reinos conocidos y así hacer resurgir nuestras tierras. Ellos esperan que con tan solo escuchar de nuestra alianza los enemigos dejarán de molestar pero de no ser así pediremos tropas prestadas para tomar los reinos de mis hermanos y los vecinos. Los tesoros y riquezas serán todo para ustedes, nosotros solo desearíamos ser propietarios de las tierras y claro, pagaríamos un tributo. Para demostrar que tenemos lealtad en esto ofrecemos a mi hijo, el codiciado principie en matrimonio con su hija. Erendira apreciaba el evento recargada en un pilar que sostenía el techo del gran salón. Analizaba todo a detalle con esa gran inteligencia que le caracterizaba. Su prima y el príncipe se habían estado observando todo el tiempo, era fácil adivinar que la alianza sería un éxito pues estos dos no renunciarían el uno al otro. -Ya veo sus motivos, no preguntaré más. -Respondió el rey mirando fijamente a todos y juntando ambas manos. -Pero daré una respuesta definitiva una vez que escuche a mi hija. -Se giró para dirigirse a ella. -¿Estarías de acuerdo en unirte al príncipe en matrimonio? -Yo haría cualquier cosa padre, si valoras que sea lo mejor para el reino. -Trataba de ocultar su emoción y se mantenía recta en la silla. -Pero me gustaría conocer un poco al príncipe, dar una caminata con él a solas para conversar. -Muy bien hija, estoy de acuerdo. -El rey se levantó de su asiento. -Levanto la sesión un par de días para que ellos tengan un poco de tiempo y puedan conversar. Mientras tanto ustedes serán invitados de honor y pueden hacer uso del castillo a su antojo. -Su majestad, estamos agradecidos. -Respondió el otro rey inclinándose. -Bueno si no hay nada más que hablar vámonos a dormir o a seguir bebiendo los que quieran, yo estoy cansado e iré a mis aposentos. -Si me permite su majestad yo tengo algo que decir. -El sacerdote emisario había llegado desde muy lejos buscando esposa para su rey. -¿Quién eres tú qué se atreve a interrumpir está reunión? -El rey Ricardo cuestionó muy molesto al hombre que desde atrás de la multitud hablaba. -Soy el sacerdote Jacinto Cruz y vengo del grandioso reino del Norte, semejante por muchos años a este reino. Soy un emisario de mi rey, Agusto. -¿El rey Agusto del reino del sur? Vaya ese lugar es muy famoso por su grandeza y tu rey muy popular por su ascendencia y sus grandes victorias en las guerras. -Se calmó un poco al escuchar estas referencias. -¿Qué mensaje me traes de él? Te advierto que no es forma de interrumpir aunque seas un emisario necesitas hacer un reservación antes de presentarte además ¿Qué clase de emisario viene así, con una capucha y sin guardia real? -Me disculpo por la interrupción y por mi forma de vestir. Recién acabo de llegar a su reino y quise aprovechar la oportunidad de entrevistarme. -Se despojó de su capucha color gris para mostrar su cabeza calva y sus ropas de viajero. -Si me permite solicitar una audiencia con usted, seré muy breve. Todos los ahí reunidos quedaron intrigados, Erendira con mayor razón y comenzó a analizar al recién llegado con su característica inteligencia. -Habla entonces. -Autorizó el rey sentándose nuevamente. -Le agradezco mucho. -Inclinó la cabeza. -Es verdad la fama y grandeza de nuestro reino pero ahora atraviesa un problema diferente, uno que tiene que ver con el amor. Soy un emisario en busca de esposa para mi rey. -Entonces el joven rey que heredó el reino ya está en edad para casarse. -Ricardo estaba sorprendido de lo que oía, era muy poco común recibir notificaciones personales de los reinos aledaños. -¿Y por qué has venido aquí?, ¿Qué intereses buscas? -Este reino es conocido por su grandeza, por la sabiduría y benevolencia de su majestad. Además de ser un reino a la par del nuestro, hemos sabido de su fama por las tres hermosas princesas que su majestad tiene como hijas. -Ya veo, seguramente son el mejor partido para cualquier rey, eso no puedo discutirlo. -Echó a reír completamente orgulloso de sus hijas. -Pero me temo que llega algo tarde señor emisario eclesiástico, mi hija mayor ahora es esposa de otro rey en el oeste y mi hija que ve aquí acaba de ser prometida al hijo de nuestros nuevos aliados. Mi última hija tiene apenas 12, sinceramente la considero muy pequeña para está situación. -¿Enserio se atreverá a rechazar una oferta de unión con el poderoso reino del norte? El rey Ricardo se mostró un poco serio ante tal respuesta. Sabía perfectamente que no debía desperdiciar así una gran oportunidad de ser aliado de un grandioso reino. -Majestad, si me permite hablar. -Uno de sus consejeros pedía tomar la palabra. -Adelante, tus consejos siempre son bienvenidos. -Creo que el emisario no le ha actualizado del todo la situación del reino de su procedencia. -Jacinto lo miró nervioso al imaginar que ya sabían la situación del rey. -¿A qué te refieres? ¡Habla! -Es verdad que es un reino enorme y fuerte, hace poco tiempo salió avante ante cualquier probabilidad de victoria en las guerras. Demostró ser un gran estratega cuando le traicionaron y superaron, venciendo a los invasores que acechaban su reino y así se consagró con la victoria absoluta, salvando a su reino y haciéndose aún más grande. Pero debe saber que el problema que enfrenta es otro. La desintegración de su reino desde el interior. -¿Por qué un reino así de grande se desintegraría? Acaban de pasar la peor parte ¿No es así? -Efectivamente señor, se salvaron de todo y no hay ninguna amenaza. Sucede que el rey Agusto fue herido en batalla con una hazaña de valentía y esa herida le provocó perder la mitad de su cuerpo, de la cintura para abajo, no tiene movilidad. -Eso es una verdadera desgracia. -Opinó el rey Ricardo al escuchar la historia. -Ese reino pasó por varias divisiones familiares quedando él, como representante de su apellido directamente, por eso necesitaba tener descendencia para asegurar mayor estabilidad en el reino pero eso ya no podrá ser posible. A su corta edad ya no podrá tener hijos y eso culminó en que todas las personas influyentes se estén retirando a otros reinos más prósperos. En poco tiempo ese reino ya no podrá dar buenos frutos. -Es una lástima que se pierda así, ¡Que Dios le bendiga! -El rey le dedicó algunos pensamiento en su mente en modo de reflexión y se dirigió al sacerdote. -Si eso es verdad ¿Qué buscas realmente? No mientas más. -Yo no planeaba mentir ni ocultar nada su majestad, simplemente no considero que sea un tema a tratar en público. -El sacerdote caminó un poco más para acercarse. -Es verdad lo que dicen pero el rey no se ha rendido ni el reino ha caído. El está intentando hacer todo lo posible por superar los inconvenientes como siempre lo ha hecho y para empezar necesita una esposa. Una boda y una reina serían lo ideal para comenzar a calmar los males y rumores en el reino. -¿Pero de qué le servirá si no puede darle hijos? Solo prolonga lo inevitable. -Mi rey es una persona muy astuta y pretende solucionar un mal a la vez. Aunque varios miembros se hayan ido el reino sigue siendo próspero. Disfruta de una paz inigualable, tierras muy grandes y fructíferas, una milicia incomparable todavía y un gran pueblo. -El sacerdote tomó un poco de aire para relajar su voz después de hablar muy fuerte. -Además en cuanto vean la boda muchos regresarán y otros más desearán unirse y eso no solo beneficia a nuestro reino si no al suyo que serán aliados de por vida. -Todo lo que dices suena muy bien pero es una apuesta con mucha probabilidad a no ganar nada. -Respondió el rey Ricardo con un poco de desagrado por la propuesta aún. -Tendría que darte a una de mis hijas y como te he dicho ambas están en situaciones no aptas. -De ninguna manera le pediría que rompa el pacto con el reino aquí presente, aunque créame sería lo mejor para usted. El pacto aún no se escucha listo así que su palabra se salvaría. -El resto de oyentes lo miraron con cierto desagrado, principalmente el rey invitado, su hijo y por supuesto la princesa. -¡Padre te pido que mantengas tu convenio con el rey actual, aunque sea más pequeño su reino prefiero al príncipe como esposo a pasar mi vida con un lisiado! -Tranquila hija nada está decidido, voy a respetar los días que te di para conocer al principe, incluso después de eso hasta tu puedes cambiar de opinión. -No lo haré padre, te lo aseguro. -La princesa mostraba desagrado solo de pensar en la vida que le esperaría con el rey lisiado. Sin atreverse a conocerlo si quiera. -Mi valiente sacerdote emisario del rey del norte, me da mucha pena que haya hecho el viaje tan lejano y en vano. -El rey Ricardo daba por terminada la reunión dando por hecho que no habría un convenio de matrimonio. -Siéntense libre de permanecer aquí los días que guste, descanse, coma y beba lo que quiera es un invitado de honor. -Le agradezco su majestad pero de ser así mi camino es muy largo, no voy a descansar hasta poder encontrar una esposa digna para mi rey así tenga que recorrer todos los reinos del mundo para encontrarla. -Se colocó nuevamente su capucha para disponerse a salir de ahí. -Entiendo su honorable misión, quédese una noche por lo menos, los caminos son peligrosos y me sentiría mal si algo le pasara, debe regresar a salvo con su rey. -Creo que tomaré su oferta por está noche, es muy amable. -Sabía que tal vez tendría otra oportunidad si hablaba con el nuevamente por la mañana, era un reino ideal y algo tenía que conseguir de ellos.
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