-Habla entonces. -Autorizó el rey sentándose nuevamente.
-Le agradezco mucho. -Inclinó la cabeza. -Es verdad la fama y grandeza de nuestro reino pero ahora atraviesa un problema diferente, uno que tiene que ver con el amor. Soy un emisario en busca de esposa para mi rey.
-Entonces el joven rey que heredó el reino ya está en edad para casarse. -Ricardo estaba sorprendido de lo que oía, era muy poco común recibir notificaciones personales de los reinos aledaños. -¿Y por qué has venido aquí?, ¿Qué intereses buscas?
-Este reino es conocido por su grandeza, por la sabiduría y benevolencia de su majestad. Además de ser un reino a la par del nuestro hemos sabido de su fama por las tres hermosas princesas que su majestad tiene como hijas.
-Ya veo, seguramente son el mejor partido para cualquier rey, eso no puedo discutirlo. -Hechó a reír completamente orgulloso de sus hijas. -Pero me temo que llega algo tarde señor emisario eclesiástico, mi hija mayor ahora es esposa de otro rey en el oeste y mi hija que ve aquí acaba de ser prometida al hijo de nuestros nuevos aliados. Mi última hija tiene apenas 14, sinceramente la considero muy pequeña para está situación.
-¿Enserio se atreverá a rechazar una oferta de unión con el poderoso reino del norte?