2

553 Words
"Respóndame, señorita", insistió. "No lo sé", exclamé, mis ojos temblaban. No podía creer que me estuviera pidiendo algo así. "Quiero ser padre", insistió, sin ceder. "Pues puede alquilar un vientre en otro lado", comenté, tratando de encontrar una solución. "No, yo confío en usted solamente", dijo. "Imagínese que se arrepienten y después no me entregan a mi hijo, o pago en vano". "¿Dinero..?", pregunté, sorprendida. "Así es. Como usted está pagando una hipoteca, yo pued..” “Yo… no quiero dinero a cambio de esto", aclaré. "No puedo aceptar esa cantidad de dinero, y menos por un hijo suyo", respondí con firmeza. "Entonces, ¿qué quiere?", inquirió. "Quiero irme", murmuré y salí corriendo. No podía creer que mi jefe me estuviera haciendo esa pregunta. Mi mejor amiga Giselle, que estaba haciendo fotocopias, me miró extrañada mientras daba la vuelta para salir. Seguía trabajando como secretaria de mi jefe hasta el mediodía. Después, entré a un kiosco y comí algo rápido. Trabajé hasta las 7 de la tarde en punto, ya que pasaba todo el día trabajando y no me quedaba otra opción. Mi papá estaba enfermo, y aunque era bastante difícil, no podía negar esa responsabilidad. Era eso o nada. Los días eran difíciles, y las mañanas aún más. Muchas veces, lo único que quería era escapar con mi padre. Pasaba malhumorado y terco debido a su enfermedad. Había perdido ambas piernas por la diabetes y poco a poco comenzaba a quedarse ciego. Me dolía porque el tratamiento y las pastillas eran caros, lo que me obligaba a trabajar todo el día. Su pensión era muy baja, y aunque no me molestaba, a veces quería escapar. Él me trataba mal y sabía que lo hacía sin querer, pero me dolía. Obviamente, lo iba a aceptar porque era mi responsabilidad. Él me decía que no merecía una vida así, pero ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Dejarlo morir? Eso estaba fuera de cuestión. Comencé a llorar. Estaba cansada y agotada, tanto mental como físicamente. Estaba buscando un trabajo nocturno para poder subsistir. Sin embargo, mi cuerpo ya no daba más. Estaba tan cansada que me miré al espejo y hice una mueca. Estaba muy delgada, la ropa me quedaba suelta, y el color de mi piel se desvanecía poco a poco, dejando lugar a una piel traslúcida y apagada. Mi cabello estaba seco y detrás de mis hombros, y aún así, fingía una sonrisa cada vez que llegaba un cliente. Luego, ella apareció y me miró cruzada de brazos. A diferencia de mí, no tenía que trabajar, ya que solamente estudiaba. La había conocido desde que era una niña, y tenía mucho, y cuando digo mucho, es mucho dinero. "¿Qué pasa?", preguntó. Yo le dije, pensativa mientras suspiraba y dejaba caer mi trasero en el asiento, "El jefe me pidió algo extraño". "¿Qué cosa?", preguntó mientras tomaba un chupetín y lo pagaba. "Quiere que yo tenga un hijo con él", le dije, y ella me miró sorprendida. "¿Hablas de nuestro jefe?", preguntó. "Sí, ¿qué otro jefe podría haber sido, el panzón que tienes en el kiosco?", bromeé, divertida. Ella puso los ojos en blanco y preguntó, "¿Por qué no le estás diciendo que sí?" "Me lo dice porque quiere ser padre", expliqué.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD