A la hora del almuerzo, Giselle intentó nuevamente ofrecerme apoyo. — Esto no puede seguir así. No puedes trabajar en un ambiente tan hostil – murmuró Giselle suspirando. — Lo sé, Giselle. Pero no sé qué más puedo hacer. Estoy dando lo mejor de mí, pero parece que no es suficiente. — Hablaré con Javier, intentaré entender lo que está pasando. Esto no es justo para ti. Por la tarde, Giselle había logrado concertar una reunión entre Javier y yo. Cuando entré en su oficina, lo encontré absorto en su computadora, aparentemente desinteresado en mi presencia. — Javier, necesitas hablar con ella. Esto no es justo – comentó Giselle. Hablaré con ella si es necesario –respondió Javier serio. ¡Es necesario! Algo cambió después del primer día, y ni ella ni yo sabemos por qué. No puedes tratarla

