Al final del día, estaba agotada emocionalmente. Había tratado de cumplir con mis responsabilidades de la mejor manera posible, pero la hostilidad de Javier me estaba desgastando. Mientras recogía mis cosas y me preparaba para salir, Giselle se acercó a mí. Giselle preocupada apuntó: —¿Cómo estás? Con frustración comenté: —Giselle, no sé cuánto más puedo soportar su actitud. Está claro que no me quiere aquí. Giselle comprensiva dijo : —Lo sé, amiga. Pero no puedes permitir que su comportamiento te afecte de esta manera. Eres una profesional talentosa, y mereces respeto. — Tienes razón, Giselle. No me rendiré. Seguiré trabajando duro y demostraré mi valía. Giselle murmuró: — Así se habla, amiga. Estamos contigo. Caminé hacia la puerta de la oficina, lista para enfrentar otro día de de

